Dios te ama. Jesús murió por ti y resucitó. Dios puede perdonar tus pecados y justificarte… una y otra vez lo escuchamos. Todos parecen saberlo. Pero hoy te invito a regresar al principio…
El sonido de su voz es estruendoso… aparece la luz, se separan las aguas y los animales caminan despreocupados, todos viven en perfecto equilibrio.
Un pedazo de barro deja de serlo cuando Dios sopla. Ahora es un humano. Desobedece. Estamos condenados.
Un pesebre. Un bebé está ahí… ¡Qué lugar tan extraño para nacer! Tiene dos ojos, dos orejas y una boca… parece normal. Llegaron visitas. Jamás había visto a tantos ángeles reunidos. Ahora estoy segura de que ese niño no es como los otros.
¡Yo lo vi! ¡Ese chico no podía caminar y ahora brinca glorificando a Dios! ¡Ese leproso ahora está sano! ¡Y el pan que nos repartió alcanzó para los 5 mil que estábamos ahí!
Me acerco temblando. Para muchos es un espectáculo, pero a otros se nos arruga el corazón. Ese hombre no merece estar colgando de esa cruz. Es horrible estar aquí viendo morir a un inocente… y lo peor es que algo me dice que yo soy culpable de eso.
Domingo, camino hacia la tumba. Aún tengo ganas de llorar. Un momento… ¡Esa piedra no estaba ahí! ¿Quién la habrá movido? El aire huele a duda ¿Me habré equivocado? No, estoy segura. Él estaba aquí. Entro a la tumba pero no encuentro lo que esperaba. Pensaba que encontraría un cuerpo y lo que encuentro es esperanza. Sonrío. Es su voz. Está justo detrás de mí. Antes de voltear me pellizco discretamente. Duele, pero eso me alegra porque significa que es realidad. Giro 180 grados y ahí está. No sé si correr a abrazarlo o llorar… yo solo sé que mi corazón sonríe.
Perdida y encontrada. En el orfanatorio solo podía esperar a que alguien me escogiera. Parecía que nadie llegaría. Miraba por la ventana cuando Su mano me tocó. Me dijo que me llevaría a casa y que estaría segura… y era verdad. No hice nada, no lo merecía, pero tampoco me pude resistir. Tal idea era demasiado hermosa para ser real, pero lo era y lo sigue siendo. Su dedo me apuntó ese día, no para castigarme, sino para escogerme.
Ese día ¿Cómo es posible que pueda olvidarlo? Fue una canción de amor, la lluvia en el desierto, un beso en mis labios y oxígeno en el fondo del mar. Lo vi y me deslumbró como el sol cuando lo contemplas. Aún veo Su figura en todas partes.
Ese fue el principio de mi historia. Hoy recordé que, aunque no quiero volver a ese lugar, vengo de ahí. Hoy recordé que él hizo todo, yo nada. Me amó cuando no le amaba y llenó de esperanza cada lágrima mía. Hoy regresé al principio, a donde Él muere y hace que yo viva, donde me da amor de verdad y donde nadie puede hacer nada por mí… solo Él. El principio donde Él me salva y yo solo me dejo salvar.
Regresa un momento al principio ¿Dónde comenzó tu fe? ¿Dónde te diste cuenta de que te amaba? ¿Dónde estabas cuando Él te recogió?
Es fácil decirlo una y otra vez: Dios te ama. Jesús murió por ti y resucitó. Dios puede perdonar tus pecados y justificarte… Todos parecen saberlo. Pero cuando vas a lo profundo terminas sobre tus rodillas y con una sonrisa.
Vuelve al principio. Vuelve al momento donde supiste por primera vez que había esperanza. Ahora la frase no suena hueca… ahora te enchina la piel.
¡Bendiciones!

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