Estaba platicando con una amiga que me “descalabró” sin querer. Cuando eres una chica cristiana, de mi edad y sin novio, muchas veces, en las pláticas (especialmente con otras chicas cristianas, de la misma edad y sin novio) sale el tema de los chicos. Queriendo o no, siempre alguien te pregunta, o alguien te asocia con alguien, o simplemente una debraya sola, pero ayer una amiga me dijo algo que me dejó pensando.
Ella está en la misma situación, y platicábamos que hay veces donde una suele irse tras su corazón y (aunque no lo digamos) es muy frecuente ver a un chico y preguntarse si él será el que Dios tiene para tu vida, o comenzar a imaginar mil cosas. Ella me dijo que Dios le dijo “¿Por qué actúas como ofreciendo tu corazón si ya es mío?”
Chicas, aceptémoslo, hay veces que decimos que nuestro corazón es de Dios, pero actuamos como si no tuviera dueño. Ver a los chicos y analizarlos automáticamente diciendo “no está tan mal” o “podría ser el que Dios tiene para mi vida” puede no sonar pecaminoso, pero distrae.
No es malo tener expectativas ni desearlo, digo, finalmente en muchas de nosotras está el deseo de casarse (de hecho, creo que en todas), pero eso no significa ofrecer el corazón. Si somos cristianas, entonces nuestro corazón ya tiene dueño. Le pertenece a Él porque él ya lo compró, y pagó un precio demasiado alto por él.
Imagina lo que Dios dice cuando una de sus hijas comienza a descuidar su corazón… me imagino que dice algo como “¡Hey! ¡No lo ofrezcas! ¡Es mío!”
Te diré algo que he aprendido. Las historias de princesas no existen. No hay príncipes azules como Disney los pinta. La Biblia me hace ver que a lo mejor que puedo aspirar es a un chico que ama a Dios con todo, pero que es tan imperfecto como yo. No hay chicos perfectos. Así que ¡No ofrezcas tu corazón! Si lo haces, lo más seguro es que en lugar de encontrar a un príncipe azul te encuentres a un pitufo. O peor aún… podrías besar un sapo que seguirá siendo un sapo.
¡Ánimo! Esperar no mata a nadie y forja el carácter. No descuides tu corazón… mejor dicho, el corazón que Dios compró y te ordena cuidar (Prov 4:23). Créeme, he escuchado a varias chicas arrepintiéndose de regalar su corazón antes de tiempo, pero JAMÁS he escuchado a alguna arrepentida por esperar.
Tu corazón ya tiene dueño, no lo ofrezcas. Cuídalo, y si te sientes tentada a ofrecerlo solo basta con escuchar la voz de Dios susurrando al oído “Ese corazón ya es mío”
¡Bendiciones! ¡Y estamos juntas en esta pelea!

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