lunes, 31 de octubre de 2011

Decido amarte.

Todas las manos que me sostenían aquí me soltaron. Es patético, pero es cierto. A veces eso es lo que necesito para buscar tu mano allá arriba.

Veo el sol brillar, pero parece que mis ojos no tienen el mismo reflejo.

El enamoramiento pasó. De aquí en adelante amar es una decisión. Mis manos están lastimadas y mis pies cansados. Quisiera correr, pero parece que no puedo. “Si pudiera amarte más” me repito una y otra vez. “Quisiera amarte más” es mi oración.

No siento las cosquillas que sentía cuando recién te conocí. No te escucho como la primera vez que me hablaste. Voy tras la tierra prometida, pero por ahora todo lo que veo es arena del desierto. Por un momento me analizo, tal parece que he ido tras otros dioses y me avergüenzo. Siento que ya no puedo correr hacia ti. Algo me dice que lo haga y me levanto. “Si pudiera obligarme a amarte más” me reprocho.

Siento que vengo sucia y cansada. Nada presentable como para levantar el rostro ante mi rey. Tu mirada me vence y volteo hacia otro lado. Los ojos llenos de lágrimas que no saben si salir o quedarse ahí.

“Quisiera agradarte” Te digo. “Quisiera ser quien tú quieres que yo sea… pero por ahora soy esta cosa deforme en proceso de serlo”. Tengo miedo de hablar ¿Cómo podría reprocharte que trabajes de manera tan lenta en mí cuando yo soy el barro que parece que se está secando?

“No estoy bien” reconozco. “Te necesito para amarte, para agradarte y para vivir”. Lo sé. Todo ha cambiado, y parece que yo también.

“Hoy decido amarte” te aseguro. No importa lo que sienta o no sienta. No importa lo que yo sea o no sea. No importa lo que haya hecho o no haya hecho. Hoy he decidido amarte. No soy digna de hacerlo, pero tú me has dicho que lo puedo hacer. Y hoy decido amarte.

Silencio. No veo nada especial en mí, y todo en ti es especial. Sin embargo, hoy decido amarte a pesar de mí. No necesito que hables o que me veas. De hecho hoy no quiero que lo hagas… simplemente porque no sabría cómo reaccionar si lo haces. Me vences con tu mirada y me haces temblar con tu voz.

Me siento mejor al reconocer quién soy. No caretas, no retoques, no más fingir. Esta soy yo. No soy tan fuerte como creía. Solo quería decírtelo aunque yo sé que ya lo sabes. Aún no sé cómo logras amarme cuando hay días que ni yo misma me soporto. Tan imperfecta y aún me amas.

“Te amo” lo sabes, pero te recuerdo. No porque lo sienta, sino porque lo he decidido.

“Te amo” dice una voz que parece mi eco, pero no lo es. “Te amo a pesar de ti” concluyes.

Yo solo sonrío en secreto. Conozco esa voz. Es la misma que me habló cuando tenía dieciséis. Es la misma que me prometió que estaría bien. Y yo le creo… como la primera vez.

¡Bendiciones!



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