lunes, 29 de noviembre de 2010

Cuando Dios cambia tus planes...


Una y otra vez he visto cómo mis planes se derrumban, he visto mis sueños agonizar frente a mí mientras yo estoy atada de manos sin poder hacer nada. Una y otra vez he sentido cómo las lágrimas humedecen mis pestañas para caer después al suelo.

Creo que a todos nos pasa.

Tenemos planes que cambian y sueños tan frágiles que se rompen. Y siempre nos preguntamos ¿Por qué?

Buscamos al culpable, a veces somos nosotros, a veces son las circunstancias, a veces son quienes están a nuestro alrededor, pero si miras muy de cerca encontrarás que las huellas digitales de Dios están detrás de todo esto.

El maestro pone cada día el universo a trabajar para arruinar nuestros planes con tal de darnos unos más hermosos y mucho mejores de los que nosotros teníamos para nosotros mismos.

Muchos escuchamos esto y nos quedamos con el “arruinar nuestros planes” solamente. Es difícil confiar y darte cuenta de que Dios no es como Santa Claus. Dios no siempre te trae todo lo que pides, ni exactamente lo que pides. Pero, eso nos recuerda que Él tiene planes y modos que tal vez no podremos comprender sino al final de nuestras vidas.

¿Aún prefieres tus planes?

Si crees que tus planes son demasiado grandes porque llegan al cielo, deberías de ver el universo que Dios conoce. Si tú crees que tus ambiciones son demasiado altas porque quieres atrapar cada estrella que ves, deberías ver las galaxias que Dios ve. Si crees que los planes de Dios suenan demasiado buenos como para ser verdad, deberías ver el final que Dios puede y quiere darte y lo anhelarías.

Un amigo soñó que se veía frente a un espejo y no se reconocía a sí mismo. Lo que veía era lo que Dios había hecho en su vida y no lo que era en ese momento ¿Te imaginas eso? Verte en un espejo al final de tu vida y decir algo como “eso no estaba en mis planes… ¡esto es mucho mejor!”.

Eso suena difícil cuando no puedes estudiar lo que quieres, cuando alguien abusa de ti, cuando creíste que algo en tu futuro era seguro y luego desaparece, cuando alguien que amas muere, cuando tus planes no salen como querías, o cuando simplemente no entiendes el porqué de la situación.

Permíteme decirte algo, no todo es tu culpa, pero todo sí cabe dentro de un plan donde tú y tus circunstancias encajan perfectamente.

El plan está, los cambios están, lo único que nosotros decidimos es si permitimos que el maestro nos guíe, nos anime, nos sane y nos consuele. El maestro te busca, está tan cerca que puede escuchar cuando tu corazón se rompe. Él está ahí, pero no podrá darte los mejores planes hasta que decidas rendir los tuyos.

La felicidad del maestro implica tu felicidad. Él no está buscando romper tu corazón, al contrario, ver eso le duele a Él también. Pero darte lo mejor a veces implica algo de dolor. Deberías haber visto la cara de mi hermana cuando me contó de la vez que mi sobrino recibió su primera vacuna ¡Ella también quería llorar¡ Pero permitió que lo hicieran… ¿sabes porqué? Porque era lo mejor. Si mi sobrino hubiera podido hablar en ese momento, probablemente le hubiera gritado cosas como “¿Qué te pasa mamá? ¿No ves que me está doliendo? ¡Sácame de aquí! ¡Te odio! ¡Puedo ver que no me amas!” y luego se hubiera dado a sí mismo en adopción (¡Gracias a Dios que no hablaba!) ¿Te parece conocida esa actitud?

Caer sobre tu silla de ruedas duele…y mucho, y la reacción de muchos de nosotros ha sido la misma: “¿Qué te pasa, Dios? ¿No ves que me está doliendo? ¡Sácame de aquí! ¡Te odio! ¡Puedo ver que no me amas!”, mientras su corazón se duele mientras le decimos todo eso. Lo malo es que nosotros sí podemos hablar.

Yo decidí ir con el maestro a donde sea que Él me lleve. No lo puedo negar, a veces sigo luchando por ir a lugares a donde no quiero ir, y me siento tentada hacer una lista de todo lo que he perdido, pero siempre la forma en la que ha superado mis sueños y expectativas hacen que lo que he abandonado se vea como nada.

Sí, no te voy a mentir. Tus sueños no siempre son sus sueños, su manera de enseñar a veces parece dura y desconsiderada, pero Él siempre se queda cerca de ti y siempre te contesta las llamadas mientras sonríe viendo el feliz final que tiene para ti y que tú no ves.

El maestro está cerca de ti como lo ha estado siempre. No necesitas palabras especiales ni largos discursos para pedirle que te enseñe. No necesitas un lugar en específico para pedirle que te guíe.

¿En qué terminará tu historia? No lo sé, pero el maestro sí. ¿Por qué no le preguntas?
Lo más probable es que te diga que estás hecho para ser más de lo que planeaste para ti mismo….

;) Bendiciones!



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