La mitad de los recuerdos de mi niñez están en casa de mis abuelitos. Siempre llegábamos ahí al salir de la escuela. Muchas veces le dijimos a mi abuelito que su barba picaba, pero él siempre sonreía con su diente de oro brillante. Mi mamá una vez le pidió que le diera su diente cuando ya no lo necesitara, así que ese diente ahora le pertenece a mi mamá.
La casa de los abuelos era donde el olor a comida siempre nos recibía en la entrada. Ahí siempre había gelatinas para postre y mi hermana y yo nunca estábamos solas. Era muy extraño ver a mi abuelo comer sal sobre su mano, pero siempre nos llamaba la atención y mi hermana y yo lo llegamos a intentar. Lo que nunca intentamos fue lo de los jumiles, mi abuelo era valiente.
Después de la comida nos íbamos a su cuarto a ver caricaturas. Siempre nos quitábamos los zapatos, pero confieso que llegamos a brincar sobre su cama a escondidas.
Esa misma casa es donde mi abuelito arregló mi collar. Un collar que me gustaba mucho, pero que, para variar, yo rompí. No sé dónde quedó el dichoso collar, pero me quedo con el recuerdo de que él lo arregló sin que yo lo pidiera. Verme triste fue suficiente para que él lo tomara y lo arreglara. Le puso el hilo de otro color, pero ¿a qué niña de ocho años le importa eso? Me puse feliz cuando él lo abrochó de nuevo sobre mi cuello.
Ahí, frente a un ventilador, me llevé la sorpresa de que mi abuelo no tenía cabello. Descubrí porqué siempre usaba gorra y porqué siempre tenía spray a la mano.
Esa misma casa es donde me di cuenta de que no podría ser albañil. Mi abuelo intentó enseñarme a usar la cuchara, pero el cemento que tiraba era más del que dejaba en las paredes.
Cuando se cambiaron de casa, recuerdo que mis abuelos comentaron que pensaron en nosotros, sus nietos, cuando vieron el jardín. Llegaron a un acuerdo para que les dejaran los juegos. Para mi hermana y para mí, ese jardín era un edén chiquito. Aunque mi abuelo una vez le dijo a mi mamá que nos bajara de esos juegos porque nos íbamos a matar. Lo recuerdo moviendo la mano cada vez que hablaba.
Otro cambio de casa y teníamos que venir cerca de aquí para verlos. Tal vez ni mi mamá, lo recuerde, pero ahí fue donde mi ella habló con mi abuelo acerca de la salvación. Por lo que me comentó me sentí segura de que él estaba preparado para la eternidad.
Después llegaron a la casa actual. Recuerdo a mi abuelo trabajando para levantar la barda que dividía su casa de la del vecino. Ese es el último trabajo que le vi hacer.
Lo visité en su casa antes de que fuera al hospital. Estaba en su cama, cuando lo ví, yo no sabía que esa sería la última vez que estaría con él en esta vida.
Mi mamá una vez me dijo que cuando alguien moría, todos acostumbran recordar lo bueno. Nadie recordaba los errores que había cometido. Sin embargo, yo sé que mi abuelo no era perfecto, que cometió y seguía cometiendo muchos errores. Sé que muchas veces él hizo cosas que no debía hacer, y sé que no hizo cosas que debía hacer, como todos nosotros, pero algo que me encanta de Dios es que, para Él, los malos comienzos no significan malos finales. Como el ladrón que murió junto a Jesús: Las horas finales de su vida cambiaron y definieron su eternidad.
Posiblemente recordemos de él muchos errores. Pero la Biblia es clara cuando nos hace recordar que todos necesitamos el perdón de Dios y perdonar a los demás. No importa si alguno tuvo más errores que otro, todos necesitamos al Salvador, todos necesitamos el amor de Dios que cubre todas las faltas y que borra las fallas de nuestro pasado.
Sé que mi abuelo es salvo porque creyó en Jesucristo y lo confesó como su salvador. Solo sé que él estará bien y que pronto lo veremos. Mi abuelo tuvo la oportunidad de tener una vida larga, pero tal vez nosotros no. Esto debe ser un recordatorio de que debemos estar siempre listos para la eternidad.
A través de la Biblia he aprendido que hay algo más para nosotros que simplemente “vivir”. Todos tenemos en nuestros corazones el deseo de eternidad, aunque no siempre lo reconozcamos. Algo en nuestros corazones nos dice que debe de haber más para nosotros que la vida que llevamos. Eso es eternidad. Leer algo de historia me ha llevado a la conclusión de que los que cambian al mundo no son los que ponen su enfoque en cambiar el mundo, sino los que buscan la verdad, escuchan la verdad, enseñan la verdad, aman la verdad, permanecen en la verdad, y defienden la verdad hasta la muerte.
Recuerda que cuando muramos no podremos llevarnos nada, que los buenos recuerdos se olvidan, y que la vida sigue con o sin nosotros. Lo único que permanece es lo eterno. Lo que tendremos al morir solo será lo que hayamos acumulado en el banco del cielo. Nada más. Solo es cuestión de creer que Jesús está vivo, confesar que Él es nuestro Señor y vivir siguiendo su ejemplo.
Tal vez para nosotros lo más fácil sea ver el final. El dolor, las lágrimas, la pérdida…. Para nosotros, esto podría representar el final. Pero la verdad es que la Biblia dice que esto es solo el comienzo. Vivir 87 segundos, o vivir 87 años, en comparación con la eternidad, será prácticamente lo mismo.
Hay que estar listos porque tal vez nosotros no lleguemos a la edad donde necesitemos un diente de oro.
Solo resta decir que puedo imaginar a mi abuelo diciendo “si supieras dónde estoy, y lo que veo, y lo que vivo, no llorarías por mí hoy”. Imaginar que él ve cosas tan maravillosas que nosotros no imaginaríamos me hace estar feliz por él. Él conoce ahora un lugar donde jamás llorará por dolor, o por tristeza, o por enfermedad. Puedo asegurar que él está feliz de poder conocer cara a cara a aquél que ha cambiado muchas de las vidas que hoy estamos aquí. Puedo imaginarlo con un cuerpo nuevo con el que puede brincar y escuchar cada palabra que Jesús dice.
La última vez que vi a mi abuelo no lo puede abrazar. Pero, como dice la canción:
“te abrazo en el cielo”.
Yo he decidido creer cada promesa de Dios, una de ellas estaría con nosotros hasta el fin del mundo. Es difícil perder a mi abuelo, pero tenemos a Jesús. Esa debe ser nuestra confianza, nuestra paz y nuestro gozo en todo momento. Podemos descansar en Él porque así estaremos seguros de que todo estará bien.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario