martes, 23 de agosto de 2011

¿Te ha pasado?

¿Te ha pasado?

Cuando te diste cuenta ya habías hablado de más, o ya habías hecho algo que no se suponía que hicieras.

¿Has sentido ese nudo en el estómago?

Es como si quisieras que alguien te despertara y te dijera que tu error fue un mal sueño, que solo sucedió en tu subconsciente.

Te pellizcas y duele. Estás despierto. Lo hiciste y no puedes regresar el pasado.

Te gustaría que todo fuera como antes, pero no se puede. Hay consecuencias que quisieras no afrontar, pero tienes que hacerlo.

¿Te ha pasado?

Somos buenos para correr de nuestros errores. Somos buenos para culpar a alguien más, pero al final del día la evidencia nos apunta con toda la culpabilidad que tiene. Y uno solo puede preguntar ¿Cuándo va a terminar?

Hay cosas que la gente perdona, y Dios perdona, pero nosotros no nos podemos perdonar a nosotros mismos. Hay veces que nosotros somos más duros con nosotros de lo que Dios es. Hay veces que una pequeña piedra parece lo suficientemente pesada como para mantenernos con la nariz bajo el agua.

¿Sabes? Pero como siempre, Dios siempre tiene la luz al final del túnel.

La mujer que se menciona en Juan 8 fue “sorprendida en adulterio”. Todos la rodearon. Decenas de pares de ojos la veían. Jesús habla y lanza el reto “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (v.7). Uno a uno salen empezando los más viejos. Siguiente escena: la mujer y Jesús quedan solos.

Según su propio reto, Jesús podía arrojale todo el monte si quería… pero no lo hizo.

-¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

-ninguno Señor.

-Ni yo te condeno; vete y no peques más.

Los hombres no la condenaban, Jesús no la condenaba… ¡Qué ilógico sería que ella sí lo hiciera!

Spourgeon decía que era genial pertenecer a Dios, porque Él ama igual a los suyos cuando está enojado que cuando está complacido. Dios sabe amarnos a pesar de nosotros y nuestros errores.

¿Podremos amarnos nosotros mismos? ¿Podremos dejar de culparnos?

Bien dijo un predicador que los cristianos somos las únicas personas que no tenemos lo que merecemos. La gracia de Dios y su amor, y su perdón, y un nuevo nacimiento, y un nuevo corazón, y un nuevo comienzo….

A mí me ha pasado. Pero recordar a la mujer digo… “¡Hey! Nadie te condena Isabel ¿por qué lo haces tú?”

Casi puedo escuchar las palabras de Jesús diciéndome igual que a ella “Ni yo te condeno; vete, no peques más”.

Es así como puedo cruzar la puerta cada día y dejarme deslumbrar por el sol otra vez. Después de todo, hasta cierto punto, la vida es prueba y error.

¡Bendiciones!





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