martes, 9 de agosto de 2011

Se vende popó

¿Me comprarías mi popis? (popis= popó, kk, sss, poo) ¡ Vamos! ¿Algún amante del arte? ¡¡Barataaa!! Te la vendo al precio de la plata. Si me compras un kilo me das el dinero con el que compras un kilo de plata ¿no? ¿Nadie?

Si crees que estoy loca, entonces te sorprenderá saber que en 1961 un sujetillo llamado Piero Manzoni vendió su popó enlatada, y si crees yo era carera, entonces deberías saber que ese tipín la vendió al precio del oro. Su obra consistía en 30 gramos de kakis en cada una de las 90 latitas.

¿Sorprendido? Espera, hay algo que te sorprenderá más. Hubo una lata que vendió por 75 000 dólares. Además, según la revista Forbes, actualmente cada gramo vale 1000 dólares.

o.O No sé tú, pero yo quiero que alguien me explique ¡¡porqué rayos alguien pagaría 1000 dólares por un gramo de kk!!

Este me parece un graaan ejemplo del valor que Dios nos dio. Discúlpame que te compare con esas pequeñas latitas, pero tú y yo valíamos lo mismo que ellas: NADA

No valíamos nada, hasta que el artista más picudo de todos los tiempos nos creó y en la etiquetita del precio escribió “sangre”. Eso es mucho más que 1000 dólares por gramo.

Suelo hablar mucho de lo especiales que somos para Dios, y lo valiosos que somos… pero hay veces que olvido decirte que ese valor no lo tienes porque seas quien eres. Ese valor lo tienes porque Dios te lo ha dado.

En la presencia del Señor poco nos falta para estar enlatados. No somos nada. Su majestuosidad, y su gloria, y su amor, y su misericordia, y su santidad, y su grandeza…. Y todo lo que Él es, hacen que cuando estamos delante de Él recordemos que Dios nos puso un precio que no merecíamos y que no podremos pagar jamás.

Para mí, la cruz sigue siendo un misterio. Lo creo, y la amo, pero aún no la entiendo. Lo que pagó no solo fue suficiente, en realidad ese fue un precio exagerado para comprarnos.

Aún más impactante me parece Isaías 53:11 “(Jesús) Verá el fruto de la aflicción de su alma (nosotros), y quedará satisfecho…” Es decir, Jesús, al vernos, dice: “¡pff! Valió la pena el haber sufrido por ellos”.

Así como la popó no vale oro, nosotros no valemos la sangre de un inocente. Pero tenemos algo en común con esas latitas: Alguien creyó que valíamos la pena y nos compró.


¡Bendiciones!



*Para los q no me creen les dejo un videíto de las poposessees de las que les hablo.


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