domingo, 7 de agosto de 2011

El precipicio

 Estaba justo en la orilla del precipicio. A solo un paso de saltar. De pronto, un viento recio me hizo retroceder un poco y caer dolorosamente sobre el frío suelo. Estaba temblando, sola, sumergida en mis pensamientos ¿quién podría verme en medio del desierto? ¿Quién podría ayudarme en el fondo del mar?

Ahí te vi ¿Te dije cuán bello me pareciste? Mi duro corazón comenzó a romperse y de debajo salió un corazón de carne que comenzó a latir. El color volvió a mi piel. Moribunda comencé a revivir. Mi boca comenzó a sonreír. Era extraño… y hermoso.

Tomaste mi mano, y cuando me levanté lancé una rápida mirada al lugar a donde planeaba ir. El abismo era tan profundo que no podía ver el final. Una piedra cayó por donde iba a caer si tú no me detenías. Jamás escuché que tocara fondo.

Entonces, solo entonces, me di cuenta de que habías estado detrás de ese viento. Habías corrido hacia mí en cuanto escuchaste mi grito de auxilio entrecortado. Habías volado sobre las alas del viento y cuando quise decir algo tocaste mis labios con tu dedo para que no hablara.

Aquí estoy, viva en verdad, enamorada de ti y de nadie más. No hay paisaje más bello que tu rostro. Tú no te diste por vencido conmigo, yo no me daré por vencida contigo.

Me salvaste de mí misma, de mi precipicio. Quería arrojarme a él y terminé en tus brazos. Apenas podía respirar cuando tú me salvaste. Conozco muchas palabras… ¿pero hay alguna para describir esto?

Lo que más me sorprende es que no importa lo que pase, tus ojos siempre me dicen que lo mejor aún está esperando, que aún está por venir. Y más sorprendente aún, a pesar de mis inseguridades y frustraciones, yo te creo todo.

¡Bendiciones!





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