Hace un par de días, fui a un parque cercano a mi casa. Simplemente quise darme el placer de leer un par de páginas de un libro en quietud. Después de un rato de lectura, me senté en un columpio y comencé a balancearme con los ojos cerrados.
De repente el columpio se movió. Junto a mí apareció un chico preparatoriano que me preguntó si podía sentarse ahí. Le dije que sí (después de todo ¿Quién soy yo como para negarle un lugar en un parque público?). Comenzó a hacerme la plática y terminamos hablando de cualquier cosa. Finalmente, de alguna manera, llegamos al tema de Dios. Ahí descubrí que es un cristiano que se había alejado un poco. Comencé a animarlo y de repente se levantó de su columpio, se despidió y me dijo algo como: “¡Qué bueno que te encontré! ¡Qué bueno que platiqué contigo!”. Luego, se fue de prisa a arreglar una relación que no estaba muy bien.
De regreso a casa, con mi libro, iba reflexionando en mi mente. ¿Por qué un desconocido me diría que fue bueno encontrarse conmigo? Estoy consciente de que me habló “por error”. Soy una mujer pequeña y aparento menos edad de la que tengo. Él suponía que tendría alrededor de 18 (me lo dijo), cuando en realidad tengo 26. Así que prácticamente me habló por error.
Películas, clima, animales, música, libros, Dios… lo único importante de lo que hablamos fue Dios. ¿Será que trajimos a Jesús a la plática? No puedo pensar en alguna otra cosa por la cual pudiera decirme eso.
En mi vida he encontrado a muchas personas que me han enseñado muchas cosas. Pero las personas que más alegría trajeron a mi vida, fueron las que trajeron a Jesús. Puedo decir “¡Qué bueno que te encontré!” a todo aquel que me mostró un poco más de Él, me acercó un poco más a Él o me mostró alguna cosa que no sabía de Él.
Puedo decir que las pláticas que más me han impactado, han sido aquellas que me recordaron quién es Él, quién soy yo y lo que Él ha dicho que haría. Literalmente esas son las pláticas que han cambiado mi vida.
Recuerdo a un amigo mientras me decía “Él no se ha dado por vencido contigo, ¡No te des por vencida con Él!”, puedo recordar a otra diciéndome “Él prometió…” , a una más diciendo “Escribe”, o a mis pastores diciéndome que no deje de mirarlo…
¡Ah! ¡Qué bueno que los encontré! El mismo que nos eligió para sí, nos eligió para ser amigos entre nosotros. Podría gritarlo en una montaña y hacer que caiga el hielo. Soy afortunada de haberlos hallado. Son pocos, muy muy pocos, de diferentes edades y sabores… pero ¡¡¡ah!!! ¡¡¡Qué bueno que los encontré!!!
Vamos, traigamos a Jesús. Mostrémoslo para que cuando alguien se despida de nosotros, lo diga completo:
“¡Ah! ¡Qué bueno que te encontré! O mejor dicho...¡qué bueno que encontré a Jesús en ti!”
Soli Deo Gloria
Isarona
| No encontré una imagen mía apropiada para el post. Así que les regalo esto, la foto de patatuchi (mi tortuga), frente a la casa de mis padres, mirando a mi mamá. Coquetonas las dos. |
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