sábado, 17 de mayo de 2014

Yo también

Trabajo como maestra en una primaria. Hace un par de días les mandé a lavarse las manos para ir al lunch y al final me las lavé yo. Siempre lo hago, pero ese día uno de mis alumnitos se me quedó viendo curioso.

-Miss ¿Por qué tú también te lavas las manos?
-Bueno, pues yo también me puedo enfermar de la panza si no lo hago… los bichos me los puedo comer...shalalá….

Me da  risa que a veces los niños creen que soy una marciana. Me han preguntado cosas como si yo también tengo papás o si cuando yo nací el mundo ya era a colores, si conocí los dinosaurios o si tengo hermanos. Se sorprenden cuando me gustan los mismos colores que ellos o encuentran que son tan alérgicos a los animales con pelos como yo.  Se les hace algo extraordinario encontrar que a la miss también le gusta dibujar, que le gusta lo que a ellos les gusta y que también ella puede aprender.

Soy su maestra, pero eso no significa que yo no esté aprendiendo o que no deba hacer lo que les digo que hagan. Después de todo, las cosas que les enseño son cosas que yo también aprendí, y hay muchas cosas que debo seguir haciendo mientras les enseño, como atarme las agujetas, no hablar con la boca llena, caminar en lugar de correr por las escaleras, esperar mi turno… o lavarme las manos.

Los maestros también deben aprender y hacer lo que enseñan.

Esto igual aplica en la iglesia. Cuando se nos da la oportunidad de enseñar en la iglesia, no debemos olvidar que lo que predicamos es también para nosotros. Y no solo los maestros, sino todos, creo yo. Cuando predicamos a alguna persona, cuando aconsejamos, cuando animamos o reprendemos a alguien, debemos recordar que tal vez necesitamos escuchar las mismas palabras que dijimos.

El amor de Dios del que hablamos, también es para nosotros. El reto de vivir en santidad, también es para nosotros. El perdón del que enseñamos, también es para nosotros. La restauración, la vida, la esperanza a la que debemos aferrarnos, el tomar tu cruz, el vencer la tentación, el fortalecernos en la fe, el tener comunión con otros hermanos, el amar al prójimo y a Dios con todo….también es para nosotros.

Sí, sí… las maestras de niños de primaria también deben lavarse las manos; y todo el que predica de Dios necesita tanto de él como aquél al que le predica.

Sí, nosotros también.

Soli Deo Gloria



Contacto:
isarona@hotmail.es







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