sábado, 5 de abril de 2014

Me puse diez

"Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno". Sal 14:3 RV


Mi sobrino llegó apenas  y comenzó a contarme acerca de una tarea que había hecho. De repente sonrió y con sus ojitos llenos de orgullo me confesó.

-Yo me califiqué. Me puse diez.

¡OH! ¡Cosa! jajajaja... luego me enseñó su tarea y vi su minúsculo 10 a la mitad de ella. La verdad es que me dio risa.

Cuando nos evaluamos a nosotros mismos, tendemos a ponernos como el parámetro. Como humanos nos inclinamos a creer que si no podemos ser mejores cristianos es porque el vecinito es un hígado, que el maestro es demasiado exigente, que nuestros padres son imperfectos, que el pastor no tiene tanto amor ni tanto tiempo, que... blablabla... Nosotros tenemos 10, y ellos están reprobados. 

A veces, sugiriendo un poco de humildad, podemos pensar que estamos por lo menos en un 9.5, pero no estamos tan peor como los demás.

¡Oh! ¡Cristianos! ¡Olvidamos que nuestro parámetro para medir la perfección en nosotros es Cristo! No importa cuánto nos aprobemos a nosotros mismos, finalmente nosotros no somos el parámetro que debemos usar. Nuestro propio juicio no es el que debemos utilizar. Debemos caminar hacia Cristo, ver hacia arriba y ser retados a crecer a su estatura. 

Noup, nuestro 10 no vale. Nosotros no somos el maestro. 

¡Soli Deo Gloria!




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