sábado, 23 de febrero de 2013

¿Cuánto es lo menos?

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Ustedes dicen: "Se me permite hacer cualquier cosa", pero no todo les conviene. Dicen: Se me permite hacer cualquier cosa", pero no todo trae beneficio.
1 Cor. 10:23-24 (ntv)


-¿Por qué no podemos ir a bailar? ¿Por qué nos prohíben ir al antro?

-Nadie nos lo prohíbe. Podemos  ir. La cuestión aquí es si nos conviene o no. Yo no voy no porque no me dejen, sino porque no me trae nada bueno, y porque eso no es lo que más glorifica a Dios.

Durante  poco más de media hora seguimos platicando del tema. No es la primera vez que alguien cristiano me preguntaba eso, y probablemente  no será la última.

Puedo entender que cuando alguien no cristiano ve una vida entregada a Cristo, pregunte por qué  esa persona no se comporta igual. También puedo entender que un recién convertido lo pregunte; Sin embargo, no puedo comprender a los que después de años  quieren ver qué rescatan del mundo.

Podemos pasar años en el cristianismo sin conocer a Cristo. Triste y cierto, pero creo que más que nada, preocupante. Podemos vivir engañados viviendo una mentira como verdad y estar conformes con ello. Y todos estos engaños por no escudriñar, por no contemplar, por no conocer, por no ser cautivados por la verdad.

Algo del estado de nuestro corazón se revela en nuestras preguntas.

¿Por qué no puedo ir? ¿Por qué me prohíben hacer esto? ¿Hasta dónde puedo llegar con mi novio? ¿Hasta cuándo puedo tener novio? ¿Puedo escuchar música del mundo? ¿Puedo ver esta película de terror si antes oro y rechazo todo temor? ¿Por qué no me puedo poner esta ropa? ¿Puedo besarlo? ¿No? ¿¡Por qué no?!

Yo sé que muchos lo hacen con intención de crecer y de aprender. Sin embargo, también sé que  detrás de estas preguntas, muchos esconden la pregunta real:
¿Cuánto es lo menos que le puedo dar a Dios?

Como lo diría un pastor, nos conformamos con darle los “huesos con más carne” a Dios, y nos sentimos mejor porque están un poco menos peor que lo que otros dan.  Es casi casi un regateo para ver cuánto es lo menos para que Dios nos considere suyos y nos salve.

Las preguntas incorrectas revelan el estado de nuestro corazón.  Sin aceptarlo conscientemente, queremos que Dios justifique lo que nos exige.
Entonces, ¿Qué deberíamos preguntar para modelar nuestra forma de  vivir/vestir/hablar/elegir/comportarnos?

Sugiero algo como: ¿Qué glorifica más a Dios? ¿Haciendo qué me parezco más a Él? ¿Con qué ropa resalta más mi carácter que mi cuerpo? ¿Qué acciones harán que yo muestre más el amor de Dios?
O si lo pudiera resumir en una sola pregunta sería: ¿Cómo demuestro que amo a Dios?
Oro para que mi vida y todo aspecto de ella cuenten para algo eterno.  Que la manera en la que actúo y pienso hagan que Jesús diga: “valió la pena mi sacrificio”.  Solo tenemos una vida que define la eternidad. No la malgastemos  ofreciendo lo menos. Gastemos nuestra vida en Él, invirtámosla en algo que valga en la eternidad.   ¡Hagamos que Dios sea visto tan grande como es!
Que el motivo de nuestra vida demuestre que valoramos la muerte de Jesús. Que nuestras preguntas demuestren que le amamos. Y  más que las preguntas, hay que cuidar el estado de nuestro corazón.  No olvidemos que no hay manera sencilla de tomar una cruz y seguirle.
¡Soli Deo Gloria!
Isarona
 
 
*Contacto:  Platiquemos, edifiquémonos y aprendamos juntos :)

 

 

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