Ustedes dicen: "Se me permite hacer cualquier cosa", pero no todo les conviene. Dicen: Se me permite hacer cualquier cosa", pero no todo trae beneficio.
1 Cor. 10:23-24 (ntv)
-¿Por qué no podemos ir a bailar? ¿Por qué nos prohíben ir al antro?
-Nadie nos lo prohíbe.
Podemos ir. La cuestión aquí es si nos
conviene o no. Yo no voy no porque no me dejen, sino porque no me trae nada
bueno, y porque eso no es lo que más glorifica a Dios.
Durante poco más de media hora seguimos platicando
del tema. No es la primera vez que alguien cristiano me preguntaba eso, y probablemente
no será la última.
Puedo entender que cuando alguien
no cristiano ve una vida entregada a Cristo, pregunte por qué esa persona no se comporta igual. También
puedo entender que un recién convertido lo pregunte; Sin embargo, no puedo
comprender a los que después de años
quieren ver qué rescatan del mundo.
Podemos pasar años en el
cristianismo sin conocer a Cristo. Triste y cierto, pero creo que más que nada,
preocupante. Podemos vivir engañados viviendo una mentira como verdad y estar
conformes con ello. Y todos estos engaños por no escudriñar, por no contemplar,
por no conocer, por no ser cautivados por la verdad.
Algo del estado de nuestro corazón se
revela en nuestras preguntas.
¿Por qué no puedo ir? ¿Por qué me
prohíben hacer esto? ¿Hasta dónde puedo llegar con mi novio? ¿Hasta cuándo
puedo tener novio? ¿Puedo escuchar música del mundo? ¿Puedo ver esta película
de terror si antes oro y rechazo todo temor? ¿Por qué no me puedo poner esta
ropa? ¿Puedo besarlo? ¿No? ¿¡Por qué no?!
Yo sé que muchos lo hacen con intención
de crecer y de aprender. Sin embargo, también sé que detrás de estas preguntas, muchos esconden la
pregunta real:
¿Cuánto es lo menos que le puedo
dar a Dios?
Como lo diría un pastor, nos
conformamos con darle los “huesos con más carne” a Dios, y nos sentimos mejor
porque están un poco menos peor que lo que otros dan. Es casi casi un regateo para ver cuánto es lo
menos para que Dios nos considere suyos y nos salve.
Las preguntas incorrectas revelan
el estado de nuestro corazón. Sin aceptarlo conscientemente, queremos que
Dios justifique lo que nos exige.
Entonces, ¿Qué deberíamos preguntar
para modelar nuestra forma de vivir/vestir/hablar/elegir/comportarnos?
Sugiero algo como: ¿Qué glorifica
más a Dios? ¿Haciendo qué me parezco más a Él? ¿Con qué ropa resalta más mi
carácter que mi cuerpo? ¿Qué acciones harán que yo muestre más el amor de Dios?
O si lo pudiera resumir en una
sola pregunta sería: ¿Cómo demuestro que amo a Dios?
Oro para que mi vida y todo
aspecto de ella cuenten para algo eterno.
Que la manera en la que actúo y pienso hagan que Jesús diga: “valió la
pena mi sacrificio”. Solo tenemos una
vida que define la eternidad. No la malgastemos
ofreciendo lo menos. Gastemos nuestra vida en Él, invirtámosla en algo
que valga en la eternidad. ¡Hagamos que
Dios sea visto tan grande como es!
Que el motivo de nuestra vida demuestre que valoramos la muerte de Jesús. Que nuestras preguntas demuestren que le amamos. Y
más que las preguntas, hay que cuidar el estado de nuestro corazón. No olvidemos que no hay manera sencilla de tomar una cruz y seguirle.
¡Soli Deo Gloria!
Isarona
*Contacto: Platiquemos, edifiquémonos y aprendamos juntos :)

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