Recuerdo mucho una vez que mi sobrino de tres años y yo estábamos bajando unas escaleras. Los escalones estaban algo grandes, pero mi sobrino no me quería tomar de la mano y me decía “yo puedo”… yo predecía un resbalón por la forma en la que se trataba de sujetar de la pared, así que se me ocurrió algo y le dije: “Tómame de la mano, necesito que tú me ayudes”. La expresión de su carita cambió totalmente, se alejó de la pared y tomó mi mano. Terminó tomando mi mano muy fuerte y apoyándose en mí, pero feliz de que “me estaba ayudando”.
Eso me recuerda que Dios no necesita nada (¿o qué cosa nueva o especial le puedes ofrecer al creador de todo?), sin embargo, como una vez dijo C.S. Lewis, “aquel quien en sí mismo no puede carecer nada, decidió necesitarnos. Esto es porque nosotros necesitamos ser necesitados”.
Cuando Dios dice que regresemos a casa, no es porque nos necesite en su casa, es porque tú y yo necesitamos estar ahí.
Cuando Él nos dice que estará con nosotros, no es porque él nos necesite, es porque nosotros lo necesitamos.
¿Acaso no has pensado que él podría levantarse hijos de las piedras o adoradores del polvo? Sin embargo, escogió pequeños defectuosos para llevar su gloria. Nosotros lo necesitamos, pero hay veces que no lo entendemos, así que Dios “finge” necesitarnos y envía mensajes como: “regresa a casa” (Lucas 15:11-32), “quédate conmigo” (Deut 5:31), o “vuelve a mí” (Cantares 6:13).
No somos necesitados, pero necesitamos ser necesitados, así que Dios llama nuestra atención de esa manera… ¡Qué tontos somos cuando caminamos en sentido contrario a su presencia!
Escucha un momento ¿Lo oyes? Creo que Dios dice que quiere estar con nosotros… Más vale que nos apresuremos, por lo menos yo no lo quiero hacer esperar…
¡Bendiciones!
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