Estoy a punto de cumplir años. No sé por qué, pero en estas fechas suelo voltear hacia atrás para reflexionar lo que he hecho (o no he hecho) en mi vida. Este año en particular ha sido de muchos cambios para mí en todos los aspectos. Siento que Dios está trabajando en mí cosas que antes no tocaba, otras las ha dejado y otras las sigue puliendo. Ahora, cada vez que me acerco a Dios, me doy cuenta de que soy más imperfecta de lo que imaginaba.
Me he dado cuenta de que cuando alguien muere siempre sacan todo lo bueno de esa persona y suelen olvidar sus defectos… lo mismo pasa en los cumpleaños. Esos dos días todos somos perfectos. Sin embargo, yo no quiero eso para mí este año. Si alguien va a decir algo de mí, espero que me vean como soy.
¿Yo? Yo me veo a mí misma como una persona que cae y se vuelve a levantar… y vuelve a caer ¿Algún día eso terminará? La verdad es que no soy quien fui alguna vez, pero tampoco soy lo que espero ser. No estoy conforme con quien soy porque aún no soy lo que Dios quiere que yo sea.
La verdad es que hay veces que me desespero de mí misma… hay veces que yo misma me enojo conmigo y me caigo mal (sí… es en serio… a veces me caigo mal). Soy una persona que batalla cada día contra el complejo de víctima, con la depresión, con el orgullo y el egoísmo. Mi mente no se queda atrás, cada día es una batalla parecida a la 2da guerra mundial… solo que aquí soy yo contra mí misma. El “yo” que era no quiere morir, el “yo” que quiero ser quiere matarlo, pero aún no lo logra… y cada día tengo que ganar o perder un round.
No estoy ni cerca de ser perfecta. Un día puedo estar en la cima y al siguiente segundo echarlo todo a perder. Esa es la verdad.
La persona que escribe estos posts llenos de esperanza muchas veces tiene que releerlos y recordarse a sí misma quién es para Dios y en Dios, todo porque suele olvidarlo. La persona que escribe estos posts llenos de felicidad, cada día tiene que luchar por su gozo y, algunas veces, los escribe mientras le habla a sus lágrimas.
Esa soy yo ¿No es irónico? Hay veces que en lugar de enseñar, soy yo la que aprende mientras toma dictado cuando Dios susurra a mi oído y yo escribo. Muchas veces no escribo porque ya haya aprendido la lección, a veces escribo porque estoy aprendiéndola con dolor y con mucho trabajo.
Tal vez los que no me conocen tengan la impresión de una persona fuerte, llena de sonrisas y con brillo en los ojos todo el día… si me conocieran sabrían que no soy así. Lo único fuerte en mí es Dios, mi fortaleza no viene de mí. Lo mismo con la esperanza o el gozo… Si soy fuerte es porque Él es fuerte en medio de mi debilidad.
Recuerdo mucho un día donde literalmente estaba harta de todo. Y recuerdo que lo primero que dije al abrir los ojos fue “Dios, eres mi única razón para levantarme hoy”. Literalmente no tenía otra razón. Lo bueno es que Él es una razón suficiente para hacer lo que tengo que hacer, Él es una razón suficiente para vivir y ser feliz.
Esta es la verdad de quien soy. No soy una persona extraordinaria, pero tengo a un Dios extraordinario. No soy una persona llena de amor, pero mi Dios es amor. No soy una persona fuerte, pero Dios me esfuerza cada día. Ni siquiera soy una escritora en realidad, la verdad es que Dios me dicta y yo solo escribo lo que Él dice… No hay nada bueno en mí, y si lo hay, seguramente tiene las huellas digitales de Dios. No soy nada, Dios es mi todo.
Ni siquiera estoy viviendo la vida que algún día planeé. Si Dios me hubiera preguntado qué me hubiera gustado ser cuando tenía 10 años… créeme cuando te digo que no era esto. Lo bueno es que cuando le di mi vida, Él rompió mis planes y me dio otros mejores. Yo quería estar en otro lugar, pero ahora que estoy aquí no volvería tras mis pasos por nada. No sabía de lo que me estaba perdiendo hasta que lo obtuve.
Recibí amor inexplicable, gracia inmerecida, salvación gratuita y misericordia inmensurable. Y aun así… recibí algo mejor cuando ni siquiera era mi cumpleaños. Recibí a mi mejor amigo y salvador cuando no esperaba que alguien me abrazara. Él llegó justo a tiempo para salvar mi vida y mi eternidad. Él no me prometió la luna y las estrellas, me prometió algo mejor: Una eternidad donde no conoceré el dolor y donde Él mismo limpiará las lágrimas que suelo derramar.
¿Por qué te digo todo esto? ¿De qué sirve que veas quién soy? Porque cuando uno se ve a sí mismo honestamente, puede saber los efectos de la gracia. Te lo digo porque si no ves mi debilidad, entonces no sabrás qué tan grande es la fortaleza de Dios. Si no ves quién soy en realidad, entonces no puedes ver quién es la persona que Dios me hace ser. Si quitamos un momento la cortina que hay, podrás ver que yo sola no soy quien parezco ser… no tengo mérito alguno de ser quien soy.
Si hay algo que en realidad yo haya logrado por mí misma, esos son mis errores. Si hay algo que yo haya ganado por mí misma, ese es el infierno. Todo lo demás es ganancia de Dios sobre mi vida.
Cuando veo todo esto, puedo identificarme con Pablo en 1 Cor. 15:10 “…Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo…”
Sí, feliz cumpleaños Isarona. Deberían felicitarte por tomar la mejor decisión y seguir a Dios… pero ni de eso tienes mérito. Todo fue iniciativa divina ¿De qué se supone que te felicitan? ¿Por nacer un día? ¿Por haber existido? ¿Por recibir vida? … ¿Acaso no el culpable de todo eso es Dios? Él escogió ese día para que vieras la luz, él te creó y sopló vida en ti, Él te ha conservado con vida cada día. No Isarona, tú no mereces felicitaciones… Dios sí.
¡Bendiciones!


No hay comentarios.:
Publicar un comentario