miércoles, 5 de enero de 2011

Vendida al mejor postor.

He estado pensando en el valor nuestras vidas ¿Cuánto crees que cuesta la tuya?

Probablemente en alguna película has visto alguna subasta y cómo la gente ofrece la mayor cantidad de dinero posible con tal de quedarse con el objeto X. Mientras más vale el objeto, más ofrecen por él, pero también habrás visto que hay gente que se retira a la mitad, simplemente porque no quieren dar más. O tal vez has visto cómo funcionan las indemnizaciones, por ejemplo encontré unos datos donde:

• Un diente vale 619 euros.
• Un ojo se indemniza con 1.220 euros.
• Un brazo 1.514 euros.

Sin embargo, hay alguien que estuvo dispuesto a pagar mucho más que eso. Hay alguien que compró mi vida. Hay alguien que pensó que yo valía un alto precio. Dios le puso a mi vida el precio más elevado que he escuchado jamás: La vida de su hijo. La vida de un justo para comprar a una injusta, la vida de un obediente para comprar a una rebelde, la vida de un hijo para comprar la de una enemiga. Es algo que no comprendo del todo, pero que creo completamente.

Sinceramente, sé que muchas veces no he hecho todo lo que debería de hacer y que he hecho cosas que no debería hacer, he fallado… aun así, sabiendo quién era y cómo le fallaría, Él le puso ese precio tan elevado a mi vida. Me he preguntado varias veces si yo valgo todo lo que Dios pagó por mí. Cada gota de sangre, cada latigazo, cada burla, cada paso sobre la tierra, cada momento de dolor, cada segundo en la tierra. He llegado a la conclusión de que yo no merecía tanto valor, pero el hecho de pagar eso me dio ese precio. No tenía que hacerlo, pero lo hizo; no debía hacerlo, pero quiso hacerlo… y eso me alegra… por eso estoy aquí, y por eso puedo ser feliz.

Ese es el precio que tengo sobre mi frente escrito con sangre. Ese es el precio que tenemos todos los que hemos sido alcanzados por la gracia de Dios. Ese es el precio que Dios pagó para que pudiéramos conocerle y para que pudiéramos vivir con Él por siempre.

Si amas a Dios es porque has sido comprado. Si has sido comprado por Él entonces tienes ese valor. Tal vez algún día le preguntes a Dios si valió la pena el precio que pagó por nosotros, y casi puedo escucharlo diciendo: “Por estar juntos, sí. Si lo valió”.
¡Bendiciones! :D


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