martes, 18 de enero de 2011

Una segunda opinión.

Si alguien te dijera que tienen que cortarte un brazo porque te raspaste el codo, ¿te lo cortarías? Suponiendo que te lo dijera un doctor, ¿Te lo cortarías sin pensarlo dos veces? Si todo el mundo te dijera que tienes que amputarlo porque no hay remedio para tu pobre brazo con el codo raspado, ¿Lo harías? Tengo la ligera sospecha de que tu respuesta a todas las preguntas anteriores es algo así como: ¡Obviamente no!

Probablemente buscarías una segunda opinión, ¿no? Buscarías hasta encontrar a alguien que te dijera “sí hay remedio”. Simplemente porque algo dentro de ti te dice que lo que te están diciendo no es verdad.

Muchas veces me he dado cuenta de que en mi vida hubo veces donde me quedé con las primeras opiniones. Grave error. Escuchar cosas como “no puedes”, “no sueñes tan alto porque la caída dolerá más”, o “eso está lejos de tu alcance” equivale a algo tan tonto como “lo siento señorita, tenemos que amputar su brazo porque su codo está raspado… lo sentimos, no hay remedio”.

¿Sabes? De todo esto he aprendido algo bueno. Busca una segunda opinión, tal vez una tercera, o una cuarta… o las que sean necesarias. Busca hasta que alguien te diga que sí se puede.

Sí, ese error tiene perdón.

Sí, ese sueño es alcanzable.

Sí, ese dolor puede ser sanado.

Sí, ese futuro puede ser glorioso.

Sí, ese pasado puede ser borrado.

Sí, esa enfermedad puede ser curada.

Sí, esa oración sincera ha sido escuchada.

Sí, es cierto que Dios no rechaza a los que se acercan a Él.

Puede que todos te digan que no se puede, que no es cierto, que es imposible, que no hay solución, que no… pero si Dios dice que sí, entonces lo es. Y lo mejor de todo es que la Biblia no tiene “segundas opiniones”, la Biblia siempre tiene la palabra final.

¡Bendiciones! :D






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