jueves, 13 de junio de 2019

Columna y baluarte


"...para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad."

1 Tim.3.15




¿Columna y baluarte? ¡Vaya elementos tan interesantes para describir la función de la iglesia en relación con la verdad!

En tiempos antiguos, la columna no tenía una función méramente estética, sino funcional. Antes no habían columnas de adorno. Eran las que sostenían alguna construcción. Punto. Quitabas la columna, caía todo.  Habían de diferentes materiales, pero simpre con la misma función. Debían sostener algo.  Claro, la imaginación y destreza del ser humano no tardó en aprovecharlos para adornar, pero no fue hasta la revolución industrial cuando se dejó de concebir a éste elemento como algo estructural.

Además de éste tipo de columna, existe algo llamado "columna conmemorativa", la cual se utilizaba como monumento para homenajear a alguien o para recordar algún hecho importante.  Solía alcanzar una gran altura. 

Interesante, ¿no? La iglesia es columna de la verdad. La iglesia es la que soporta el peso de la verdad, la que la levanta, la que no deja que caiga. Es la que la recuerda y honra.

Somos columna... y baluarte de la verdad.

El baluarte es la fortificación que sobresale de una muralla y está dedicada a la defensa del lugar. Éste tenía una posición privilegiada en cuanto a visión. Desde ahí se podía ver la situación de otros baluartes, y ahí eran los primeros en enterarse de que algún enemigo se acercaba. Por eso estaban posicionados en lugares donde se podía defender el lugar.  Las personas en un baluarte estaban capacitadas para repeler los ataques antes que cualquier otro. 

Así es. El baluarte vigilaba, alertaba y defendía. Para eso estaba ahí. Los centinelas se posicionaban ahí para estar día y noche al pendiente. 

Sostener, recordar, honrar, defender, cuidar, velar... todo eso nos corresponde porque nosotros somos columna y baluarte de la verdad. 


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