martes, 1 de enero de 2019

2019 y la dextrocardia.

"...para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Pido también que Dios les dé la luz necesaria para que sepan cuál es la esperanza a la cual los ha llamado, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos, según la acción de su fuerza poderosa..."  Efesios 1:17-19

Acabo de escuchar la cuenta regresiva.  Año nuevo. 

He recibido algunos mensajes  de viejos amigos  y de algunas amistades nuevas que he hecho  durante el año que acaba de morir. He contestado y mandado otro tanto. Es curioso. Bien decía C. S. Lewis que era curioso ver cómo las cosas no cambiaban día a día, pero que al voltear todo era diferente. Lo es. Es muy diferente.

Generalmente las personas se desean éxito, salud, amor, dinero y cosas así. El problema es que deseamos cosas que se van a acabar algún día. Un buen trabajo, una cuenta en el banco, una relación increíble, un cuerpo en buen estado... tal vez duren años, o una vida, pero se van a acabar. Después de ésta vida nada de eso va a permanecer como tal. 

Este año Dios me ha permitido aprender algunas cosas que nunca había comprendido. En mi congregación, y de manera personal he estado estudiando los últimos tiempos (vaya que nunca lo había hecho), y he estado notando que los tiempos están más avanzados de lo que creía.  La reconstrucción del templo en Jerusalén, los cambios  en el clima, el desarrollo de la tecnología, la tolerancia a cosas que Dios ha clasificado como incorrectas, los desastres naturales que yas experimentan en otras partes del mundo, la situación de la iglesia en general... todo apunta a que el tic, tac del reloj avanza.

Mi sobrino duerme a mi vista. Hemos estado estudiando proverbios tres por varios días. "Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos". Mientras respira lentamente sólo puedo pensar en que los tiempos que yo viví no serán como los que él vivirá. El tiempo corre rápidamente y el mundo cambia cada vez con más velocidad. Hemos estado orando que podamos hallar y retener la sabiduría. 

He aprendido que orar por lo que yo sienta no es lo ideal. Es tan fácil equivocarse. Hay un mal genético llamado dextrocardia, donde el corazón está apuntando hacia el lugar incorrecto. En cierto modo, todos nacemos así. Por naturaleza, nos inclinamos a desear éxito, salud, dinero, amor sin saber que lo que en realidad buscamos es a Dios.  La gente desea paz en el mundo, que los pueblos no padezcan catástrofes, que se acaben las enfermedades, que las necesidades de cada persona sean cubiertas, y que todos podamos ser felices. No, la gente no desea eso. Cree que desea eso. En realidad desea un gobierno diferente, un reino diferente, un cuerpo diferente,  un rey diferente. En el fondo eso es lo que deseamos, aún sin reconocerlo o siquiera saberlo.

La venida de Cristo fue la esperanza y el motor de la iglesia en varios periodos de la historia. Cuando ésto se tenía en cuenta como algo real, algo qué esperar, la iglesia se volvía más evangelista y se separaba más del mundo. Sin embargo, es claro que estamos en una época donde no es un tema central en los púlpitos.  Es un tiempo donde lo sabemos en teoría, pero no esperamos que suceda mañana.  A veces creemos que no tener un espacio en el infierno es suficiente. No entendemos la gran pérdida que experimentaremos si nuestro enfoque es tener éxito, salud, dinero y amor en esta vida. No, no es suficiente. No es lo importante.  A veces, esas cosas (definidas en los términos humanos) deben ser sacrificadas por un bien mayor. La comodidad por la salvación de otro. El éxito laboral por tiempo para trabajar en los asuntos del reino. Las amistades por una relación más cercana a la familia en Cristo.   El amor en términos humanos por el amor en términos de Dios. 

Necesitamos orar que Dios arregle el problema de dextrocardia que traemos naturalmente. Ese que sale a flote cada inicio de año, en cada mensaje que desea salud, dinero y amor a cada persona que apreciamos. Necesitamos comenzar a desear que tengamos un espíritu de sabiduría y revelación para conocer a Cristo (Efesios 1), que Dios nos dé sabiduría (Prov. 2), que podamos estar firmes el día de la prueba (Apoc. 3), y cosas similares.

Qué errados estamos cuando deseamos lo efímero a costa de sacrificar lo eterno. Cuando deseamos lo menos a costa de lo más. Cuando buscamos oro en minas de pirita. 

No digo que tener salud sea malo, o dinero, o una relación increíble. No, lo que quiero decir es que el enfoque no es conseguir eso, sino que el enfoque que tenemos acerca de lo que deseamos para nosotros mismos y para otros debe cambiar. Debemos también redefinir nuestros conceptos, dado que el punto de vista divino difiere mucho del humano.

Cuánto necesitamos que Dios nos de ojos para ver, oídos para oir, y que arregle nuestra dextrocardia.

Sí, Señor. Pon nuestro corazón en el lugar correcto.




























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