El creador puso un huevito sobre un
nido lleno de amor. Los animales del bosque comenzaron a preguntarse qué era.
-¿Será un pollito?-preguntó el oso.
La gallina se acercó, sacó sus
lentes y los limpió.
-No, ese no es el huevo de un
pollo.
-¿Será una lagartija?-Preguntó la
ardilla.
La lagartija se acercó, hizo “toc,
toc” en el huevo y se alejó segura.
-No, no es una lagartija. Es
demasiado grande para serlo.
-¿Será un león?- preguntó el
gusanito.
El león soltó una carcajada.
-¡Los leones no ponemos huevitos! –
dijo, y siguió riendo.
… y
mientras reía tan fuerte que la tierra temblaba, el huevito comenzó a
romperse.
Primero salieron unos cabellitos
negros, y luego se asomaron unos ojos negros con cejas grandes… y unas manitas,
y finalmente salieron un par de pies del
tamaño de un maní.
Todos miraban extrañados. Nunca
habían visto algo igual.
-¿Qué eres?- preguntaron todos…
Pero no respondió. Tenía tanta hambre que comenzó a
comer la fruta que encontró. Mientras todos lo veían aprendió a sonreír, y a correr, y a estirar
los brazos.
-¿Qué eres?-preguntó el gusanito.
-No lo sé – Respondió.
Todos comenzaron a murmurar. ¿Qué
era ese extraño pequeño?
Una mariposa comenzó a revolotear a
su alrededor y a mirar curiosa. Se acercó y se puso en su hombro para decirle
un secreto.
-Si le preguntas al creador,
seguramente te lo dirá. Y no solamente te dirá qué eres, sino también para qué
estás aquí.
El pequeño sonrió. Sin preguntar,
sin pedir permiso, y sin vacilar regresó al lugar donde el creador lo había
dejado. Comenzó a gritar y a estirar los brazos como si quisiera alcanzar la
nube más alta.
-¡Creador! ¡CREADOR! ¡CREADOOOOR!
Y siguió gritando hasta que le vio
venir. El creador venía feliz. Siempre
se pone feliz cuando alguien dice su nombre.
-¡Creador!
-Hola, Raz.
-¿Raz?-Dijo el pequeñín…
Los animalitos veían de lejos que
el creador y la criaturita platicaban, y esperaron hasta que su larga
conversación terminó y les vieron despedirse con un abrazo. Raz regresó con los animalitos y todos
comenzaron a preguntarle cosas al mismo tiempo.
-¿Qué te dijo? ¿Tendrás melena
cuando crezcas? ¿Te hizo para volar? ¿Vivirás en un árbol? ¿Comerás cocos como
yo? ¿Crecerán tus orejas y tendrás bigototes?
A
todo Raz negaba con la cabeza.
El gusanito se acercó y subió por
su pierna hasta ponerse en su hombro, cerca de su orejita.
-¿Ya sabes qué eres?
-¡Soy un Raz!
-¿Un Raz? ¿Qué es eso? – preguntó el
conejito.
-No lo sé, voy a averiguarlo. El
creador me dijo que tenía permiso de ser yo. Nunca ha habido nadie como yo
antes, y me dio una vida para serlo. Puedo convertirme en lo que yo quiera, el
creador me dijo que mientras fuéramos amigos puedo hacerlo.
-¿Y qué le dijiste?
-Le dije que sería su amigo, y que
me convertiría en lo que soy.
Los animalitos del bosque se
sorprendieron, lo abrazaron y le
hicieron una fiesta.
El creador veía todo desde una nube
y sonreía satisfecho. Nada mal para ser su primer Raz. Nada mal para ser el
único que haría.
FIN
Raz, mi único Raz. Eres el sueño de tu creador,
vive y hazlo realidad. Sigue enseñándome y contagiándome
el eterno apetito de la infancia. Te amo.
Tía Isa
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