“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
Filipenses 4:13
Soy maestra de un niño que constantemente me pedía que le
abriera los empaques de barritas/mamuts/galletas a la hora del lunch. Un buen
día de la semana pasada le di un truco para abrirlas. “¿Ves los piquitos de
arriba? Toma dos que estén pegaditos, jala uno hacia adelante y otro hacia
atrás… y tadáaa!! "
-¡¡¡ Woaaah!!! – Me
dijo con los ojos abiertos y emocionado.
Los días siguientes llegó con sus empaques abiertos presumiendo
que lo había hecho.
-¡¡¡Mira Miss!!!
… y sus empaques abiertos. Es más, esas veces, como señal de
triunfo, les dio la primera mordida de victoria en mi presencia; pero hoy pasó algo extraño.
-Miss, ¿me lo abres?
Una barra de choco krispis pareció hacerle olvidar que podía
abrirla.
- “Tú puedes hacerlo.”- Le recordé.
Se me quedó viendo por un segundo como recordando y
finalmente brillaron sus ojitos.
-¡¡¡Ahhh!!! Sí, ¿verdad?”
Lo observé intentando abrir su empaque, y luego
desilusionado se acercó a mí de nuevo.
Justo antes de llegar conmigo lo logró. Su conclusión:
-¡Qué raro! Solo puedo hacerlo cuando estás cerca.
¡Aww! ¡Cosita bella!
Eso me recordó a mí misma. Hay veces que no recuerdo qué puedo hacer hasta que Dios me susurra “tú
puedes hacerlo”. Es increíble lo torpe que puedo ser al olvidar lo que Dios
puede y quiere hacer conmigo. A veces
tengo que dar pasos de fe empujados por un “¡Hay Isarona! ¡Lo ha hecho antes
contigo, esto no es nada difícil para él!” o por un “Recuerdas cuando….shalalá….Dios
puede hacerlo a través de ti”.
Y cada vez que eso sucede, le recuerdo:
-¡WOAH! ¡Qué raro!
(tono irónico) ¡Solo puedo cuando estás cerca!
Y así es, lo mío es real. Solo puedo cuando está cerca.

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