miércoles, 28 de noviembre de 2012

¡Que me salga doble tazo en las papitas!


“Jesús llamó a un niño pequeño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: -Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo. Así que el que se vuelva tan humilde como este pequeño, es el más importante en el reino del cielo.” Mateo 18:2-4

En la escuela donde doy clases, los niños me hacen toda clase de preguntas…

-¿Tienes novio? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos? ¿Santa Claus existe?  ¿Tú también tienes papás? ¿Porqué los niños nacen tan feos? ¿Te vas a morir? ¿A qué hora viene el ratón de los dientes? ¿Qué tan grande es una estrella? ¿Cuántas hojas tiene un árbol? ¿Qué es un ovíparo? ¿Los pollos tienen leche?

En serio. Toda clase de preguntas.  Los niños preguntan y preguntan… ¡y siguen preguntando!

A ellos no les importa si sabes la respuesta o si preguntan algo que no deberían. Ellos quieren saber, ellos quieren una respuesta, y quieren conocer más. Cada día se comportan como si no supieran nada y te creen todo lo que les dices. Ellos te escuchan y te creen. 

Tengo un sobrino de cuatro años.  A veces él quiere aventarse a mis brazos desde algún lugar, aun cuando yo no creo poder sostenerlo. Él lo hace porque confía en mí. A veces ha estado a punto de tirarme cuando quiere colgarse en mi espalda, pero a él no le importa. Nunca lo he dejado caer y él confía en que nunca lo haré.

Los niños creen. El sábado mi sobrino pasado tenía tos y oré por él. Él simplemente cerró sus ojitos y luego de que le dije que Dios ya lo había sanado, se puso a jugar. Al poco rato fue a mi cuarto y me dijo muy feliz. “Dios me sanó ¿verdad?” - “Sí mi amor, Dios ya te sanó”.- Le dije.  Él no se puso a pensar nada, simplemente regresó a jugar.

Así son los niños. Confían, creen, preguntan, quieren conocer.

La Biblia nos dice que debemos ser como ellos. Cuando crecemos solemos llenarnos de argumentos, lógica y conocimiento que a veces nos hace difícil creer como un niño.

En Marcos 9:30-32 Jesús desea pasar tiempo con sus discípulos y comienza a enseñarles. Les dice que lo iban a traicionar, lo iban a entregar a sus enemigos, lo matarían y luego se levantaría entre los muertos. Pero el versículo 32 llama mi atención: 

“Ellos no entendieron lo que quería decir, sin embargo tenían miedo de preguntarle” 

:O   ¡Qué rayos! ¿De qué tenían miedo?  Sinceramente no encuentro otra explicación a esta: Habían crecido demasiado.  Si un niño quisiera saber eso, simplemente diría: “Jesús, ¿me repites otra vez? ¡No te entendí nadita!” Pero un adulto solo piensa: “¿Porqué no lo repite? ¡No le entendí nada!”

Cuántas cosas nos perdemos por no ser como esas personitas. Debemos ser humildes para aprender de esas pirinolas que no se saben amarrar las agujetas y que en lugar de lavarse las manos se las remojan. Sin embargo, ese es el ejemplo que Jesús nos puso para aprender a tener fe a su modo.

¿Por qué no nos aventamos a los brazos de Dios como un niño se arroja a los brazos de su papá?

¿Por qué no emocionarnos cada mañana con los planes de Dios, como cuando un niño encuentra doble tazo en sus papitas? 

¿Por qué no creer las palabras de Dios como cuando un niño espera al ratón cuando se le cae un diente?

No importa si ya nos están saliendo canitas o patas de gallo, para aprender de Dios y creerlea SU manera, necesitamos comenzar de nuevo cada día como si no supiéramos nada de Él, y preguntarle eso que no sabemos.  Necesitamos amanecer llenos de expectativa, fe y humildad… como un niño, pues. 

Hay todo un mundo por descubrir, el sobrenatural. Y a ese solo se entra creyendo como un niño. He comenzado a comprender y a vivir eso.

Creer como niño no significa ser un tonto.  La diferencia es que ellos creen en lo que ni siquiera conocen. Nosotros creemos en lo que ha demostrado ser verdad.

Solo a Dios la gloria,

Isarona

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