martes, 13 de noviembre de 2012

Antes de que las luces toquen la tierra.


Escucha mi grito de auxilio, mi Rey y mi Dios, porque solo  a ti dirijo mi oración. Señor, escucha mi voz por la mañana; cada mañana llevo a ti mis peticiones y quedo a la espera. Salmo 5:2-3

Cuando las luces toquen la tierra, quiero que me encuentres esperándote. Quiero levantarme antes que el sol y ver cuando la obscuridad retrocede ante la luz. No hay obscuridad que resista el resplandor.  La obscuridad retrocede cuando un rayo de sol lo alcanza. No puede hacer otra cosa sino retroceder, y quiero estar ahí para verlo.

Cuando las luces toquen la tierra, quiero tener los ojos abiertos.  Cada mañana, cuando sale el sol, quiero recordar que con la luz viene tu misericordia, totalmente nueva.  Cada noche recuerdo tu fidelidad al recapitular en mi cama todo lo que has hecho… pero cada mañana, tu misericordia besa la tierra en cada rayo de sol.

Cuando las luces toquen la tierra, quiero que me encuentres expectante. ¿Qué harás hoy? ¿Qué cambiarás en mí? ¿Qué puedo hacer para complacerte? Otro día, otros comienzo, otro reto… pero el mismo Dios. Nadie está graduado en conocerte… ¿qué me mostrarás de ti hoy?

Cuando las luces toquen la tierra, quiero estar preparada.  La tierra clama que tus hijos sean manifestados , y quiero que cuando pise sobre ella, reconozca tu sangre en mí. Quiero tener algo qué dar de ti. Tú te diste a mí, yo le debo al mundo lo que me diste.  Quiero que la tierra me reconozca y me espere cada mañana para mostrarte a ti cada día.

Eres digno de ser buscado antes de que esas luces toquen la tierra, y cuando esos rayos la besen  quiero estar ahí. Quiero esperarte como el centinela al amanecer, sí, más de lo que los centinelas anhelan el amanecer... 

Desidero Domino Permánere (Deseo permanecer con mi Señor),
Isarona



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