Acabo de cenar. Resulta que mi papá nos llevó afuera
y me comí una tostada… o bueno, lo que pude de ella. La mugre tostada era del tamaño de
mi cabeza ¿¡Dónde se suponía que entrara tanta comida!? Cuando llegamos yo
tenía antojo de helado (oh! Yeah!), pero antes de comerme media tostada
desistí. No habría helado, lo supe. Simplemente no había espacio suficiente.
Desmiénteme si puedes: Cuando tienes mucha hambre todo se te
antoja. Todo es bueno, todo sabe rico, todo es delicioso, crees que todo cabe
en tu estómago. Cuando estás lleno nada se te antoja y hasta lo más rico da
asquito (iuk!)
¿Has notado que lo mismo pasa cuando buscas a Dios? Cuando
apartas tiempo antes que todo, sabe super rico el tiempo con Él. No hay prisas,
concentrancia mil, ¡yeah! ; Cuando le dejas el tiempo con Él hasta el final, ya
que hablaste por teléfono con tus besties, viste la tv, checaste el face,
twiteaste, hasta actualizaste el hi5 (crit…crit…), y al final… hasta el final
abres la Biblia, mágicamente aparecen pensamientos de lo que viste o escuchaste.
No tienes hambre. Las pequeñas cositas que comiste te llenaron, y ya no
hay espacio para el plato delicioso que según tú querías comer.
Date cuenta, hasta la chatarra llena. ¿Alguna vez te has llenado de papitas o cosas
así? No importa si luego te ponen tu plato favorito enfrente, si estás lleno no
puedes comerlo. Si todo el día te llenas
de mil cosas y hasta el final no tienes ganas de abrir la Biblia o de orar, créeme,
es porque estás lleno. El platillo más exquisito no cabe en un estómago lleno.
Hambre de Dios. Muchas veces nos preguntamos porqué no la
tenemos, pero ahí está la razón.
Amanecemos con hambre de algo, y lo que sea que comamos en el día nos
llenará, aún si es pura chatarra.
#EpicFail amigos. ¿Queremos
terminarnos el plato fuerte? Comamos eso primero. ¿Quieres solo probar el plato
fuerte? Come todo lo que veas y deja la delicia al final. No olvidemos que la
chatarra también llena… por un momento.
Soli Deo Gloria!
Isarona.

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