miércoles, 15 de febrero de 2012

El rey busca un perro muerto

  -“Soy tan miserable…”

Mefiboset se veía  a sí mismo y solo veía miseria.  No esperaba que el rey lo llamara simplemente por ser hijo de Jonatán.  Lisiado de los pies por un accidente que había tenido de pequeño, seguramente había crecido con la mentalidad de ser alguien inferior. Imagina ver toda tu vida a niños corriendo mientras tú solo puedes escuchar tu corazón romperse por dentro fingiendo ser fuerte o feliz. Seguramente muchas veces se preguntó: "¿por qué  yo?" Su padre había muerto, así que es probable que muchas veces se sintiera solo o como un recogido.

Un día, sin esperarlo, el sol brilla sobre él. El Rey lo manda a llamar y le dice  que no tenga miedo porque tendrá misericordia de él. El rey promete devolverle las tierras de su abuelo Saúl (el antiguo rey), y dice que le ha apartado un lugar en su mesa para que coma ahí por siempre.

Mefiboset está confundido. Otra vez se pregunta por dentro: "¿Por qué yo?". Lo único que se le ocurre hacer es inclinarse y decir “¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?" 

Mefiboset bien sabía que él sería solo una mala imagen en el palacio... pero Siba, el siervo de  de su abuelo,  se adelanta a contestar por él antes de que niegue la invitación; Siba comprende que Mefiboset no es nadie, pero comprende algo más importante: esa invitación es un favor inmerecido y que no debería hacer esperar al rey.  El rey no rogará para darle un favor.

Al final Mefiboset termina sentado en la mesa del rey y recibe todas sus promesas. Lisiado y despreciado toda su vida termina en un lugar de honor. ¿Qué hizo él para merecerlo?:
  ABSOLUTAMENTE NADA.

Si alguien no te da lo que mereces,  hablamos de perdón.
Si alguien te da algo que no mereces,  hablamos de  misericordia.
Si alguien no te da lo que mereces y te da lo que no mereces, es gracia.

GRACIA…. Mefiboset no hizo nada para merecer que el rey lo mirara. Él mismo se describió como un perro muerto. Tú y yo merecemos la misma descripción.  Hoy es el día en el que el rey está posando sus ojos sobre ti  ¿Puedes escucharle? Dice que quiere tenerte en su mesa. Dice que no temas, que tendrá de ti misericordia. 

Hemos fallado, hemos sido traidores, hemos mentido, hemos pecado. No merecemos que Dios ponga sus ojos sobre unos perros muertos como nosotros, pero  lo hace hoy. 

Gracia. No lo merecemos, no tenemos ningún mérito… pero ahí está el rey con  la invitación a la mitad de nuestra soledad, ignorando nuestro pasado. Suena demasiado hermoso para ser verdad, pero lo es. Letras grandes dicen que Él nos espera hoy.

 Vemos nuestra condición y solo vemos unos perros muertos  que en nada combinan con el lujoso comedor al que hemos sido llamados. Somos Mefibosets  que se quedan paralizados ante la sola posibilidad de ser invitados. Hemos sido invitados a la mesa  simplemente porque a Él le place.

 No se trata de quiénes somos nosotros, se trata de quién es Él.  Si Él no señala nuestro pasado, ¿porqué nosotros sí?  Si Él no señala nuestros “méritos” ¿Porqué nosotros habríamos de hacerlo? La invitación simplemente es porque el rey lo quiere… porque nosotros no lo merecemos ni tantito. Tú y yo solo somos unos perros muertos a los que se les extiende la gracia.

¡Bendiciones!




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