Veo los ojos de la gente. Creo que en mi vida he conocido mucha gente esclava. No están atados ni se les prohíbe salir de su casa. Caminan por las calles hacia cualquier lugar que les plazca, pero no son libres; son presas de la decepción, el desamor, el desencanto por la vida, de algún vicio o las circunstancias. A veces la misma piel es una prisión.
Cuando no tenemos cadenas, queremos libertad para expresarnos. Cuando tenemos libertad para expresarnos queremos cambiar miles de cosas. Cuando cambiamos miles de cosas queremos libertad de la culpa y de las consecuencias. No importa qué tan lejos lleguemos, siempre queremos más. ¿Eso no es ser esclavo de nuestros deseos?
¿Qué pues, entonces, es la libertad? Puedes tener tus manos desatadas y ser un esclavo aún. Somos esclavos de cualquier cosa que nos domina y curiosamente esto nos incluye, pues es evidente que podemos ser sometidos por nuestras propias pasiones y sentimientos. ¿Entonces cuándo se es verdaderamente libre?
La libertad no puede venir de nosotros mismos dado que no nacemos libres. Somos esclavos desde el principio porque dependemos de alguien. Para la edad en la que podemos liberarnos de ese alguien, ya somos esclavos de nosotros mismos, y para cuando entendemos que pudo no ser así, ya somos esclavos de nuestro pasado. ¿Entonces quién inventó esa palabra y para qué?
Parece que estamos destinados a morir esclavos a menos que alguien nos libere.
Miro al cielo y cuento las estrellas. ¿será que ellas son libres? ¿Será que un pez en el agua es libre? ¿Será que un ave sobre las alas del viento es libre? Aún los árboles se mueven esclavos del viento. El viento se mueve esclavo de la temperatura. La temperatura cambia esclava del sol. El sol se mueve esclavo de la inercia… ¿Entonces quién es libre? Tendríamos que llegar al inicio de la cadena para encontrarlo porque solo alguien sujeto a nada puede ser libre. Tendríamos que llegar a los primeros principios de los que los que se hablaba en Grecia.
¿Cómo reconocemos un libre? En este mundo no hallo a nadie así, así que hago un viaje a Narnia. Ahí he encontrado a un libre. El único, creo yo. Se llama Aslan. Él es libre de todo porque decidió morir en la mesa de piedra por un traidor teniendo el poder y el derecho de no hacerlo. Esa es la verdadera libertad: Poder para tomar la decisión de hacer lo bueno aunque no represente para uno lo más conveniente o cómodo.
Todos podemos hacer lo malo, lo incorrecto, lo reprobable. Es fácil y natural. Hacer lo correcto es fácil cuando favoreces a un amigo o a ti mismo, o incluso a algún desconocido… pero hacer algo por tu enemigo es otro nivel. Solo alguien libre de sus deseos puede hacerlo. Esta decisión hace que veamos hacia arriba el punto cumbre de la verdadera libertad. Un esclavo solo tiene la opción de seguir el camino ancho. El libre puede recorrer veredas que pocos conocen.
Alguien una vez olvidó un cuaderno en mi casa. Sabía que no regresaría por él, así que un buen día lo abrí. Encontré una lista de deseos, pero el último punto estaba lejos de lo convencional. Al final de la lista decía “quiero ser bueno”. Solo el libre puede hacerlo. Por naturaleza escogemos lo cómodo, lo que nos conviene. Solo alguien libre de todo puede alejarse de esa naturaleza y escoger lo correcto como modo de vida aunque tenga a su alcance la vida fácil y cómoda.
Un libre solo es esclavo de la libertad, pues se ha emancipado de todo; y puesto que nadie puede dar lo que no tiene, solo alguien libre puede dar libertad.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario