- ¿Cuántas veces te ha fallado Dios?
- Ninguna
-¿Cuántas veces te ha prometido algo que no cumpla?
-Nunca
-¿Cuántas veces te ha dejado a la mitad del camino?
- Ni una
-¿Cuántas veces te ha dado falsas esperanzas o te ha mentido?
-Jamás.
- …¡¿Entonces?!
Solo me reí. No suelo hablar con mi reflejo pero ese día lo necesitaba. Necesitaba recordar quién es Él y quién soy yo. A veces no necesitamos más consejos, solo escuchar los que nosotros damos. Somos buenos diciendo cosas como “ora”, “confía”, “no te preocupes”… pero cuando nos toca a nosotros buscamos que alguien más lo diga.
Escucha tus consejos. Cree como les dices a otros que crean. Confía con la convicción con la que le dices a alguien “Dios tiene todo en control” o “todo nos ayuda a bien”. Decir es fácil, hacer es mucho más complicado.
Ve tu reflejo y recuérdale a esa persona del espejo lo que Dios ve en ella y lo amada que es. Dile a esa persona que no está sola. Seca sus lágrimas y recuérdale que Dios terminará todo lo que empezó.
Dile lo que le dirías a alguien que está en tu condición. Sonríe. Dios no ha fallado nunca, y la persona del espejo también puede confiar en Él.
¡Bendiciones!

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