¿Cómo te describirías a ti mismo? ¿Qué ves cuando analizas tu vida? ¿Qué es lo importante? ¿Qué brilla? ¿Crees que eres exitoso? ¿Cuál es tu propósito en la vida? ¿Cuánto vales? ¿Te gusta quién eres? ¿Qué cambiarías de tu vida?
¿Cómo te describiría Dios? ¿Qué ve Él cuando analiza tu vida? ¿Lo que te importa es lo que a Él le importa? ¿Lo que brilla para ti, brilla para Él? ¿Estás alcanzando el éxito delante de sus ojos? ¿El propósito de tu vida es el propósito con el que Él te creó? ¿El valor que le das a tu persona es el valor que Dios le da? ¿A Dios le gusta quién eres? ¿Qué quiere Dios cambiar de tu vida?
No sé dónde leí la historia del jefe de una tribu africana. Un día llegaron unas personas que le obsequiaron un espejo, al ver su reflejo comenzó a decir lo horrible que era esa persona. Nadie dijo nada. El hombre volvió a ver su reflejo y se dio cuenta de que era él mismo; así que rompió el espejo y salió avergonzado.
Me temo que cuando intento ver a través de los ojos de Dios soy como ese hombre, no siempre me gusta mi reflejo. Lo que importante en la tierra no siempre es importante en la eternidad; y lo importante en la eternidad, no siempre es importante en la tierra. Muchas veces (consciente o inconscientemente) busco alcanzar cosas que son tan valiosas como un castillo de arena bien construido: Te cuesta trabajo, y puede por un momento parecer hermoso… pero no dura para siempre. La primera ola se lo llevará junto con el tiempo y el esfuerzo que le dedicamos.
Todo cambia cuando comenzamos a vernos como Dios nos ve. Es un pensamiento que no me ha abandonado este día. Más nos vale vernos siempre como Dios nos ve si no queremos malgastar nuestras vidas construyendo castillos de arena.
¡Bendiciones!

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