martes, 17 de agosto de 2010

La Princesa Amada (cuento)

Está lloviendo. Esto me recuerda la historia de una princesa en un país lejano…

Hace mucho tiempo atrás, en un país muy lejano, vivía una hermosa princesa que se llamaba igualito que tú. Ella también se parecía a ti. Tenía cabello como el tuyo y hablaba de una manera similar a la que tú lo haces.

Esta hermosa princesa vivía en un castillo hermoso, y estaba rodeada de muchos sirvientes, pero se sentía sola. No importaba cuántas personas vinieran a su castillo, ella fingía una sonrisa y aparentaba que todo estaba bien… pero cuando estaba sola lloraba. Sus lágrimas caían una tras otra, más o menos como la lluvia que escucho ahora.

Su llanto era silenciado por una almohada, así que casi nadie se enteraba de lo que sucedía, y si lo hacían, se comportaban como si no supieran nada…

La princesa lloraba hasta que se quedaba dormida cada noche… y cada noche soñaba un mismo sueño… ¡un apuesto príncipe venía a su balcón y le declaraba su amor! ¡Era el hombre más apuesto sobre la tierra! Claro que ella deseaba decirle que sí… pero justo cuando iba a hablar se despertaba.

Por un momento la princesa era feliz. Pero después todo volvía a ser igual cuando se daba cuenta que bajo su balcón lo único que había era un jardín lleno de bichos que en nada se parecían a su amado.

Un día, cansada de la rutina, la princesa decidió dar un paseo. El jardín parecía solitario, así que la princesa se puso a llorar ¿Acaso ni los sueños de las princesas se vuelven realidad? Se preguntaba una y otra vez. ¿Acaso nadie me ama?

-¡yo la amo!-gritó una voz que se escondía entre los árboles.

La princesa se asustó por un momento, se secó las lágrimas y comenzó a buscar al dueño de esa hermosa voz que parecía ser la de su sueño.

-¿Quién eres?

Poco a poco una figura salió de entre los árboles. Mientras más se acercaba, a la princesa se le hacía más familiar… un momento… él era alguien que ya conocía en sueños… ¡era su amado!

Pero no venía vestido como príncipe, sino como un simple sirviente.

La princesa no sabía qué decir. Había esperado tanto el momento de encontrarlo, y él la había encontrado en la peor condición en la que su corazón podía estar.

-princesa, he servido durante mucho tiempo en su castillo. La amé desde la primera vez que la ví.

¿Podría ser esto cierto? La princesa no acomodaba sus pensamientos… así que solo continuó la conversación…

-¿servir en mi castillo? ¿por cuánto tiempo?

-Lo suficiente como para amarte por el resto de mi vida. He servido lo suficiente como para escuchar que mi corazón se rompe cada vez que lloras. Y he estado en tu castillo por tanto tiempo que he dejado atrás mi propio castillo y mis pertenencias para venir y ser el sirviente que está cuidándote aunque tú no lo notes.

La princesa no lo podía creer. Las lágrimas habían cesado. Lo único que sabía en ese momento era que alguien la amaba, y mucho.

-princesa-dijo el príncipe- yo vine desde muy lejos. Me enamoré de ti en cuanto te ví, y decidí que dejaría todo lo que tenía por ti. Tú jamás me notaste porque siempre estabas llorando y lamentándote que estabas sola, mientras yo aguardaba el momento en el que tú te enamoraras de mí. Pasó tanto tiempo que me convertí en un sirviente de tu castillo con tal de estar contigo. Yo soy quien pone las flores en tu recámara, yo soy quien seca tus lágrimas cuando estás dormida, yo soy quien te sigue a todas partes esperando ser amado por ti. Soy un príncipe muy rico que dejó todo por ti. Y no sabes cuánto duele escucharte cada día cuando te repites que estás sola y que dudas si eres amada.

La princesa no podía hablar. No sabía qué decir. Se levantó, caminó hacia el príncipe y le miró a los ojos por un momento. La seguridad que había en su rostro contrastaba con la sorpresa de la princesa. Ella no esperaba esto… él había ansiado esto por mucho tiempo.

Por primera vez ella se veía reflejada en los ojos de su amado. Su corazón parecía latir fuerte. Tomó las manos del príncipe entre las suyas y las besó. Después le miró fijamente y sonrió sin fingimientos. Se acercó lo suficiente al príncipe para escuchar su corazón y se quedaron abrazados por largo rato sin decir palabras.

Ahí se quedaron aún cuando comenzó a llover ¿Puedes verlos bajo la lluvia? Parece ser que mojarse no es problema para ellos. En este momento eso no les importa. Ellos se aman y eso es lo único que saben. Caminan bajo la lluvia en dirección al castillo. Parece ser que habrá una gran boda.

Apenas unos días después y podemos ver a la princesa vestida de blanco. El príncipe se ve tan guapo como en sus sueños. Ya no tiene vestidura de sirviente. Ahora sí se ve que es un apuesto príncipe. Ambos toman sus manos y repiten los votos. Ambos se ven felices.

Años después, la princesa comenzó a llorar una vez más. El príncipe se acercó, la abrazó y la besó.

-¿por qué lloras? Le preguntó el príncipe.

-porque soy amada y eso me hace muy feliz- respondió ella.

-no lo dudes ni un momento. Serás amada hasta el fin del mundo.

-lo sé.

La princesa amada siguió llorando el resto de su vida. Pero sus lágrimas no volvieron a ser de soledad. Ahora lo único que la hacía llorar era la felicidad de saberse amada. Las lágrimas del resto de su vida fueron de felicidad. Tal y como tú puedes hacerlo a partir de hoy,



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