Mateo 26:6-13
6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,7 Vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.8 Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?9 Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.12 Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.13 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que está hecho, para memoria de ella.
Hace poco tiempo, uno de mis vecinos me vió salir de mi casa y me preguntó a dónde iba. Le respondí que a la iglesia. Mi vecino me "barrió" y me dijo:
¿¿¿Tuuuuuuuuuú??? ¿¿A la iglesia?? Estás muy jooooveeenn...deberías estar en las discos divirtiéndote. Déjale la iglesia a los viejitos ¡No uses tu tiempo en eso!
Media hora después yo ya estaba en la iglesia en la reunión de misiones. Sin embargo, yo no pude olvidar que lo que yo estaba haciendo a los ojos de mi vecino era un desperdicio de tiempo y de esfuerzo.
Cuando leí Mateo 26:6-13 me encontré con la historia de una mujer que vertió perfume caro sobre la cabeza de Jesús como una ofrenda. Nadie la obligó a hacerlo, pero ella quiso hacerlo. Lo curioso viene con la reacción de los discípulos. Lejos de alabarla,o simplemente de callar (digo, ya que no tenían nada bueno que decir), comenzaron a criticarla. ya puedo escucharlos diciendo con enojo:
´
-¡hey! ¡Ese perfume es caro! ¿No lo sabes? ¡Estás malgastándolo! Podrías venderlo y dárselo a alguien que realmente lo necesite...
A los ojos de los discípulos el derramar ese perfume era un desperdicio, un vil malgasto. Pero la reacción de Jesús demostró que él no pensaba igual.
-¿por qué la molestan?
En pocas palabras: ¡Déjenla en paz!
Jesús no llamó desperdicio a lo que los apóstoles sí. Jesús no consideró un malgasto el regalo que se le hizo. Jésús no se enojó porque el perfume fuera derramado en su cabeza. Jesús aceptó lo que se le dió. Seguramente esta mujer pudo hacer mil cosas con ese perfume, pero decidió regalarselo a Jesús.
Tal vez tú estés dándole a Dios algo que la gente considera un desperdicio.
Tal vez alguien te ha dicho que ir a la iglesia es un malgasto de tiempo.
Tal vez alguien te ha dicho que obedecer a Dios es un malgasto de esfuerzo.
Tal vez alguien te ha dicho que invertir tu vida en los sueños de Dios es un malgasto de tu juventud.
Tal vez alguien te ha dicho que diezmar y ofrendar es un malgasto de dinero.
Tal vez alguien te ha dicho que escudriñar y aprender las escrituras es un malgasto de neuronas.
¡yo que sé! Hay tantas cosas que el mundo considera un malgasto, pero ¿sabes? Si Dios no lo considera un malgasto puedes darte por bien servid@.
Dios me ha demostrado una y otra vez que jamás desperdicia nada de lo que yo le he entregado. Dígase tiempo, esfuerzo, ganas, bienes materiales, emociones... cuando están en las manos de Dios no son un desperdicio. Que Dios no los utilice como el mundo es diferente, y mejor.
Así que hoy entrégale lo que sea que necesites entregarle, y si alguien te dice que es un desperdicio no le escuches. Solo abre tus oídos y podrás escuchar que Jesús habla a tu corazón diciendo:
¿Por qué l@ molestan? pues ha hecho conmigo una buena obra.
Bendiciones!! =)
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