sábado, 30 de enero de 2010

ADOPCIÓN.

No sé porqué, pero últimamente he estado sintiendo mucho en mi corazón mucha empatía hacia la adopción.  Bueno, la cuestión es que me puse a investigar algo acerca de la actitud que los cristianos deberíamos mantener hacia la adopción y he encontrado cosas muy interesantes. Aquí les pongo extractos de lo más impactante que he encontrado hasta el momento:


La Biblia nos dice que las familias humanas son el reflejo de la paternidad eterna (Efesios 3:14-15). Por lo tanto, sabemos que la paternidad humana debería considerarse con base en la manera en que nuestro Padre se porta hacia nosotros. Pero lo contrario también es verdad. Vemos algo en la manera en la que nuestro Dios es paternalmente hacia nosotros por medio de la relación que tenemos con nuestros padres humanos. Así que Jesús nos dice que vemos un reflejo del amor activo de Dios por nosotros por medio de la provisión y la disciplina de nuestros padres humanos (Mateo7:9-11; Heb 12:5-17). La misma verdad trabaja en la adopción.
Por un lado, la adopción es EVANGELIO. Esto quiere decir que la adopción nos dice quienes somos como hijos del Padre. La adopción como evangelio nos habla acerca de nuestra identidad, nuestra herencia y nuestra misión como hijos de Dios. La adopción también está definida como misión. Así que la adopción nos dice nuestro propósito en este momento como el pueblo de Cristo. La adopción como misión nos alienta a unirnos a Cristo al defender al necesitado y al abandonado (...) Sin el aspecto teológico, el énfasis en la adopción es facilmente visto como mera caridad. Sin el aspecto misionológico, la doctrina de la adopción es vista como una mera metáfora. (...)
La adopción no se trata solo de personas que quieren hijos, o que quieren más hijos. La adopción se trata de una cultura entera en nuestras iglesias, una cultura que ve la adopción como parte de nuestro mandato de la gran comisión y como símbolo del evangelio en sí mismo. 
(Russell D. More, Adopted For Life: The priority of Adoption for Christian Families and Church)
La verdad es que en México no existe esa cultura de adopción, y lo peor es que en la iglesia tampoco. Por favor, no me malinterpreten. Con esto no quiero decir que todos estén llamados a adoptar, lo que sí creo es que todos deberíamos estar involucrados de alguna u otra manera en esta cultura de la adopción.  Nuestra motivación NO debe ser "rescatar" a los bebés, niños o adolescentes,  porque esto traería resultados desastrosos dentro de la iglesia. Adoptar debe ser visto más como un compromiso de amar, ya que hacer algo como compromiso solamente (en el sentido de obligación) no reflejaría el evangelio.
Si lo vemos así, podríamos decir que nosotros hemos sido adoptados por Dios. No tenía que hacerlo, pero lo hizo... acaso no te alegra que lo hiciera? Ahora, Si Él lo hizo por nosotros...  ¿Porqué no considerar nosotros en hacerlo por otros?

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