jueves, 11 de febrero de 2010

¡Vale la pena!

Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
por el hombre que hace maldades...
Salmos 37:7


Hace unos días una de mis vecinas fué asesinada. Apenas era un par de años mayor que yo y el día que la encontraron muerta era el día en el que tenía planeado casarse...
Muchos podríamos preguntarnos porqué suceden esas cosas ¿Por qué los malos prosperan? ¿Por qué suceden esas cosas que no entendemos? ¿De verdad vale la pena seguir a Dios?

Aunque sé que no tengo todas las respuestas, hay algo que Dios me enseñó y que me gustaría compartir con ustedes...

En el salmo 73 (uno de mis favoritos... si no es que el favorito) encontramos a Asaf, una persona como tú y como yo que tiene las mismas preguntas que solemos tener.
Asaf comienza reconociendo la bondad de Dios hacia los limpios de corazón, pero en el segundo versículo vemos un salto enorme, gigantesco, colosal  y abismal hacia otra actitud..." En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies: por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes viendo la prosperidad de los impíos."
Osea... ¿como? ¿Asaf reconociendo la bondad de Dios pero envidiando a los impíos?
Después de esto, hasta el versículo 11 encontramos a un Asaf cansado de que el impío sea el que prospera a pesar de que sea quien habla con altanería, y esté lleno de soberbia y altanería. 

En los versículos 13-14 no solo los envídia, Asaf por un momento llega a pensar que  lo que ha hecho ha sido en vano, buscar la inocencia, limpiar su corazón, esforzarse cada día... ¿te imaginas? ¿Acaso eso no suena a tí y a mí algunas veces? ¿También te has preguntado porqué haces lo que haces? mejor aún, ¿te has preguntado si lo que haces vale la pena? Muy probablemente sí, y, como Asaf, tal vez también hayas considerado por un momento en volverte uno de ellos (v.15-16).

Justo aquí donde hacemos nuestro gran descubrimiento...


Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.
Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asoladeros los harás caer.
¡Cómo han sido asolados de repente!
Perecieron, se consumieron de terrores.
Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menos preciarás su apariencia.
Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas.
Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de tí.
Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria
¿A quién tengo yo en los cielos sino a tí?
Y fuera de tí nada deseo en la tierra.
Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.                   (Sal. 73:17-26)




Wow! super wow! Cuando Asaf entra en la presencia de Dios se dá cuenta de lo que realmente vale la pena. ¿Qué pueden tener  los impíos que se pueda comparar con la amistad de el único Dios soberano y cuya majestad no tiene igual? ¡¡NADA!! ¡cualquier cosa que el impío pueda tener, por más brillante que sea, queda opacada ante la realidad de la eternidad!
Después de estar en la presencia de Dios, ¿quién (en su sano juicio) podría envidiar al impío?
Después de encontrarnos con Dios no podemos decir otra cosa que no sea:


¡¡FUERA DE TÍ NADA DESEO EN LA TIERRA!!


Muchas veces, cuando han pasado a mi alrededor experiencias fuertes o cuando veo en las noticias acerca de la impunidad y la corrupción de la gente, termino preguntándome si realmente vale la pena  hacer lo que hago. Y cada vez Dios se encarga de una u otra manera de decirme
Sí, ¡si vale la pena!

No sé que vaya a pasar con la persona que cometió semejante atrocidad en contra de mi vecina, pero no tengo ninguna razón para enojarme. Sé que Dios a veces hace cosas que no comprendo, lo que sí sé es que vale la pena seguir esforzándome por seguir a Dios.


Y eso es suficiente para mí.

No hay comentarios.: