“Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo…” 2 Cor. 10:1
¿Ternura de Cristo? Solía verle como el gran guerrero, el que despedaza ejércitos, el que hace milagros poderosos,… ¿Podría Él ser tierno a la vez?
Gran parte de mi vida estuvo llena de carencias, de emociones encontradas y de muchas lágrimas. Muchas veces me encontraba llorando en la orilla de la cama cuando nadie me veía preguntándome si a alguien le importaba si yo existía o no, y si alguien estaba al pendiente de mí. Muchas veces necesitaba cosas y no las tenía, necesitaba alguien que me escuchara o me abrazara y no había nadie… aparentemente.
¿Ternura de Cristo? Cuando leí esto por primera vez, lo que cruzó mi mente de inmediato fue todo mi pasado, y me pregunté cómo alguien que es tierno permite cosas “malas” nos sucedan. Así que me di a la tarea de preguntárselo directamente a Dios.
¿Cómo sé que eres tierno cuando todo lo que me pasa parece gritar lo contrario?
No escuché una voz estruendosa, ni vi una gran luz que me cegara… solo vi por unos segundos una pequeña imagen: Era yo llorando, sin ver que Él se acercaba silenciosamente a abrazarme. No necesité más para comprender lo que eso significaba. La ternura de Cristo NO se demuestra en que nuestra vida sea color de rosa, se demuestra en que cuando vienen las situaciones difíciles Él está ahí a pesar de nosotros.
Hubo un tiempo donde yo no quería vivir lo que estaba viviendo, y hasta me llegué a molestar con Él porque no comprendía que todo eso era parte de un plan que yo no veía. A pesar de eso, Él siguió ahí, sin cambiar mi situación por mucho tiempo, pero dándome fuerzas para enfrentarla. Mientras yo le decía que no quería estar ahí, Él seguía junto a mí abrazándome silenciosamente. Cuando yo no le amaba, Él ya había pagado el precio por mi salvación. Cuando yo todavía no nacía, Él ya tenía un lugar en su corazón para mí. Yo todavía no le conocía y tenía un plan para mi vida.
Esa es la ternura de Cristo. Él sigue ahí, fiel, aunque nosotros no lo seamos. Él no falla, aunque nosotros sí. Él no nos rechaza cuando nos acercamos a Él, aunque nosotros mucho tiempo le hayamos dado la espalda. Muere un justo por los injustos, muere un obediente por los rebeldes, y nosotros solo nos vemos a nosotros mismos. Los problemas a veces hacen que nos sintamos tan enfocados en nosotros mismos y en lo que “sufrimos”, que el amor de Dios se vuelve borroso porque solo vemos lo que pasa en la tierra y no vemos los planes que se hacen en el cielo. Las lágrimas hacen que no veamos claramente que junto a nosotros está todo lo que necesitamos: A nuestro tierno salvador.
No todo lo que se vive en la vida cristiana es color de rosa, pero eso no significa que Dios no esté al pendiente. Simplemente, Él está más interesado en nuestro carácter que en nuestra comodidad. Para nosotros ternura podría significar que nos dieran una situación cómoda. La ternura de Cristo es diferente, la de Él no se demuestra en darnos lo que queremos, sino lo que necesitamos para formar Su carácter en nosotros, y en estar con nosotros siempre, a pesar de todo y en medio de todo.
Una imagen que se me viene a la mente es Aslam. El león de las crónicas de Narnia. Fuerte, grande, poderoso, pero tierno y amoroso a la vez. Así es nuestro padre. Sí, es un guerrero, y es poderoso, y destruye ejércitos, y es majestuoso… pero también es tierno con sus hijos, y se compadece, y sabe jugar con los niños, y sabe cuidar, y sabe abrazar, y sabe limpiar lágrimas, y sabe decir “te amo”.
¡Bendiciones!
