Apenas a 12 días de este año.
Complicado, raro, bueno. Me parece que he logrado un par de
cosas y estoy orgullosa de mí misma. Aun
lamentando cosas, imaginándome posibilidades y lamentando situaciones, he
juntado mis pedazos del año pasado, y he continuado caminando. He vuelto a ver
al invisible. He vuelto a hablarle. Por lo que veo, me sigue amando. Me ama
como siempre lo ha hecho; y yo le amo también.
Una hermosa ciudad me ha abierto las puertas, un bello sol me ha recibido.
He dejado personas y animales, y
lugares llenos de recuerdos para abrir paso a lo que sigue. He pedido al cielo que por favor, por favor…
sea gentil conmigo en este momento. Creo que me ha escuchado. Eso me ha dado ánimo para recobrar fuerzas.
He encontrado un lugar para trabajar, donde mucho es dejado
a mi criterio. Estoy esforzándome mucho. Me he dado cuenta de que soy mejor de
lo que creía en lo que hago. Me he dado cuenta de que no me he equivocado en
obedecer. Estoy donde debo estar. Ahí en mi pequeña trinchera para pelear por
un mundo mejor. Para muchos no es
importante, pero a mí no me importa. Hago algo difícil, y lo hago lo mejor que puedo. Me levanto temprano pensando que, tal vez, sí
pueda cambiar al mundo. Y si no lo hago, por lo menos puedo cambiar un par de
vidas.
En mi manual de vida he encontrado fuerzas. Una voz me
susurra que estaré bien. Lo estuve antes, lo estaré ahora. Por las mañanas eso
me abriga el corazón, aun cuando el sol no ha salido. Estoy agradecida por la vida que tengo, por
las oportunidades, y por las experiencias. Bien o mal, he crecido. Tal vez sea
un poco silvestre, pero yo sé quién me ha criado. Continúa aquí, cuidándome
como cuando era pequeña. Hablándome, como cuando era niña. Aún siento su abrazo cuando duermo. No estoy
sola. No lo he estado. No lo estaré.
Uno de los cambios que he sentido más ha sido el frío. Mis pies
rara vez están calientes. Siento remordimiento por haber dejado mis calcetas
peludas atrás. Las traeré en cuanto pueda.
También siento feo el haber dejado a mis gatos. Paprika ya no me ama. No
me deja tocarla, no me habla. No estoy segura de por qué. Tal vez sean celos de
que acariciaba a sus hijos. Melaza se ha ido. Un chico que prometió cuidarla se
la ha llevado. Se ha ido un poco asustada.
No sé si por el camino, pues nunca había salido de casa; por todo el cambio.
Nunca había salido de casa y de pronto la he llevado con alguien más. Lloré
cuando la entregué porque… porque… no lo sé. Sólo lloré. No me interesa si fue apropiado. He decidido
que ya no quiero guardarme las lágrimas. Lloraré cuando tenga que llorar.
Porque sí. Porque quiero hacerlo.
Neko es un huraño de lo peor. Aún así, me permite acercarme
y acariciarlo. No se deja cargar, pero en cuanto le acaricio la cabecita
comienza a pegar su gordito cuerpo a mí para que continúe acariciándolo. Él
podría pasar ahí toda la tarde felizmente, creo yo. Mientras no lo cargue, mientras no le toque
las patitas, él será feliz y yo también.
Qué bonito es cuando alguien que no deja que otros se acerquen, de repente
te abre la puerta.
A él… a él aún lo extraño. No le he hablado porque creo que
está bien sin mí. Yo no sé si él me extraña.
Si no me busca, tal vez es porque así está bien. Y está bien estar bien
sin mí. Aún le hablo al cielo de él. Le he pedido que estemos bien, no que
estemos juntos. Simplemente que estemos bien. No entre nosotros, sino con él y
con el pasado. Creo que nunca entendió lo mucho que hizo por mí. Espero que el cielo se lo devuelva en sueños cumplidos y metas alcanzadas. Necesitaba que alguien creyera en mí, y él lo hizo. Al mismo tiempo, fue la manera en la que el invisible también me dijo que creía en mí. Dos contra una. Ganaron.
El cielo tiene maneras
extrañas de responder oraciones y de conceder deseos. Volteo hacia atrás y me doy cuenta de que
todo tenía un propósito en mi carácter y en mi vida. Sé que él fue una de mis
oraciones materializadas. A veces Dios
da, y Dios quita lo que dio. Lo sé porque lo he vivido antes. En medio de la situación, sé que hay una
sonrisa escondida en el cielo. Uno de
esos días me hice a la idea de que tal vez esa haya sido la última vez que lo
veré en la vida. No lo sé. Tal vez lo sea.
Sin embargo, agradezco todo. He
aprendido de haber compartido un trozo de vida con él, y he aprendido de
haberle visto partir. Hay cosas en las que soy fuerte y no lo sabía. Hay cosas en las que soy débil y
tampoco lo sabía. Hay cosas que sonaron
muy bien como consejo, pero que no funcionan en la vida real. Cada vida es
diferente, cada situación es distinta, cada decisión debe de ser sabia. Me he
convencido a mí misma de que no puedo culpar a nadie por lo que pasó, o no pasó.
Todos estamos aprendiendo a vivir, y
damos los consejos que pensamos mejores. Todos estamos viviendo por primera vez
y vemos desde un ángulo, aunque nuestras mejores intenciones a veces no son
suficientes; a veces lastiman, a veces se equivocan. Pero de eso se trata la
vida, de hacer lo mejor que uno pueda, aunque sepamos que vamos a fallar en
algún momento.
Mi confianza está en que lo intenté. Pudo ser mejor, pero en ese
momento, en lo que era, en mis limitantes, en mi carácter amorfo, en mis emociones
más profundas, en mis dificultades, en mis debilidades… lo intenté. Lo hice lo mejor que pude, o casi. Me
equivoqué muchas veces, pero lo intenté. Lo hice. Abrí el corazón conociendo
los riesgos, aplastando los miedos.
Y, aunque no haya tenido el final que
esperaba, lo hice. Eso me hace estar orgullosa de mí misma. Lo hice y eso me da la confianza de que las cosas buenas también me pueden pasar a mí. Creo en el amor más que nunca. Tal vez no tenga el rostro que
imaginaba, pues puede traer dolor consigo; pero su lado amable es mucho mejor
de lo que pensaba. Y sé que aún hay más.
La próxima vez, si es que para mí hay una próxima vez, lo haré
mejor. Sé que puedo hacerlo. Sé que el
cielo me ayudará a hacerlo.
He probado la comida coreana. Ha sido una verdadera tristeza
que algo que te ha ilusionado por mucho tiempo termine no gustándote. Pero uno
nunca sabe, y nunca lo sabrá si no lo intenta.
Cada vez me convenzo más de que la comida mexicana es como cosa preparada
por seres celestiales. Comida coreana,
creo que me desagrada en la misma medida en la que me gustan los árboles de
cerezo. Le daré otra oportunidad. Creo
que es una buena idea volver a intentar. Hay cosas a las que vale la pena darles
un segundo chance. Espero que ésta sea una de ellas.
Visité la universidad, haciéndome sueños, construyéndome
metas. Me he dado cuenta de que la vida no espera a nadie. Que hay cosas en las
que no se permite saltar a través del tiempo.
Que a veces, cuando dejar correr las manecillas del reloj, algunos
sueños se empiezan a escurrir. Tal vez se alcancen, tal vez se pueda, pero no
será lo mismo. Algunas veces simplemente sabes que hay cosas que no serán igual.
Y está bien. Uno aprende de eso también. Todos en la vida sacrificamos de acuerdo a nuestras prioridades. A veces
uno sacrifica sueños, a veces amor, a veces amistades, a veces tiempo. Pero todos sacrificamos algo. Es ahí cuando
la vida pone encrucijadas y tú debes moverte o la corriente te llevará a donde
no lo quieras, o a donde no pensaste. Está bien sacrificar, es normal. La pregunta es qué.
Estoy en un lugar lindo. No pude pedir lugar mejor. Me gusta
esa sensación de sentirme independiente. Me entristece no sentir un gran
cambio. Creo que, en cierta manera, yo he estado viendo por mí misma por largo
tiempo. Me asusta un poco el hecho de no
sentir que he perdido mucho, o que me falte algo. Creo que pude haber hecho esto desde hace
mucho tiempo, y eso me asombra. Parece que hay mucho de mí que
todavía no conozco. Me daré la oportunidad de conocerme y de amarme. He de
admitir que algunos meses mis ojos perdieron brillo, o tenían demasiado cuando
cargaban lágrimas. He de reconocer que muchas sonrisas en las fotos son
fingidas, sólo porque me parecen fotogénicas. Reprimí sentimientos, y
emociones, y sueños, y pedazos rotos. Puse cosas bajo la alfombra y en algunas cajas, tratando de
ignorar que soy una persona que también se rompe; Aún así, el cielo se encargó
sin problema de mantenerme a salvo. La
prueba es que aquí sigo.
“Vas a estar bien, Isarona”- Me he dicho varias veces esta
semana.
“Vas a estar bien, hija” – Me ha gritado el invisible. Sí,
ese. El que a veces esconde su sonrisa.
Y entre maletas, libros, sueños y un corazón a medio curar,
le sonrío porque lo sé. Su sonrisa no estará escondida para siempre.
"Venga"- le escucho decir mientras me toma de la mano. "La vida es una aventura. Y no tienes idea de lo que tengo preparado".
Cierro los ojos como cuando vas a recibir una sorpresa. Y dentro de mí, bajo mi piel, lo sé. Mi sonrisa tampoco estará escondida para siempre.
















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