sábado, 27 de diciembre de 2014

¡Que no suceda!

Entonces Pedro se llevó a Jesús aparte y lo reprendió por hablar así. Le dijo:
-¡Eso no puede sucederte, Señor! ¡Que Dios nunca lo permita!
Jesús se volvió y le dijo:
-¡Pedro, estás hablando como Satanás! ¡Vete! Tú no entiendes los planes de Dios, y me estás pidiendo que los desobedezca.
Mateo 16:22-23 (TLA)
El sábado pasado fui a Guerrero con jóvenes y adolescentes de la congre a un campamento. Estábamos llenos de expectativa y entusiasmo. Antes de partir oramos y dentro del camión también. Yo iba en uno de los tres camiones y yo oré por las personas en mi camión.  Nos acomodamos y reacomodamos, platiqué un rato...y me quedé dormida. Yo iba en la fila detrás del camión, en la segunda hilera de sillas, del lado del pasillo. Podía ver lo que pasaba en la carretera justo frente a mí.

De pronto sentí que el camión se frenó. No fue brusco, pero sí muy rápido, abrí mis ojos y ví cómo nos acercamos a una distancia ridículamente pequeña con el camión del frente hasta frenarnos completamente. Fue uno de esos silencios donde estás a punto de decir “¡Pff!”... y, de repente, sentimos un golpe por la parte de atrás que nos hizo chocar con el autobús frente a nosotros. Ví cómo uno de los chicos fue a dar contra el vidrio del frente. Yo alcancé a reaccionar y puse mis manos frente a mi cara (Noo! mi carita nooo!!). Me vi a mí misma, estaba bien. Levanté la vista y vi vidrios rotos. Los chicos de la parte del frente iban bien en lo que cabía, el vidrio del frente totalmente estrellado y dos de la parte derecha hechos pedazos.

De repente alguien gritó “¿Todos bien allá atrás?”. Reaccioné. No era la única en el camión. Comencé a revisar atrás. Un asiento terminó  hacia atrás (aún no me explico por qué). Todos bien. Sabía que muchos se habían pegado, pero me decían que estaban bien.  Una enfermera estaba ahí y comenzó a dar atención a los que la necesitaban.  Un poco de sangre, pero ninguno tenía la vida colgando de un hilo o algo así…

Algunos bajamos y checamos el otro camión.  Un poco más de sangre ahí. Varias ambulancias llegaron rápidamente y comenzamos a decirle a los heridos que fueran y a ayudar a otros que no podían ir solos.  Algunos se lastimaron el cuello, otros la nariz, otros la boca, otros se pegaron un poco, otros nada. Algunos se fueron en ambulancias para revisión  médica, otros nos quedamos.  Todos avisaron a sus padres lo que había sucedido y pidieron permiso para continuar el viaje. Pocos fueron los que se quedaron, otros más lograron alcanzarnos en el lugar del accidente y se añadieron, y otros simplemente continuamos.  Habíamos salido muy temprano, así que unos hermanos nos llevaron fruta y galletas para que matáramos un poco el hambre.

En fin… yo había orado por el camión. Sé que Dios no falla. Yo estaba agradecida por tener mi vida  y porque la de los demás también fuera conservada. Aguien sugirió irnos orando por todo el camino para que no volviera a suceder eso; otros me decían entre bromas que no había orado con fe, que otra persona orara otra vez. Y bueno, bromas así me acompañaron de ida y vuelta. Ya en casa me enteré que habíamos salido en dos periódicos locales y en la TV (vendo autógrafos..jejeje).

¿Nos falló Dios? Creo que algunos lo vieron así. ¿No oramos con fe? ¿Algo está mal?
No lo creo…

En la Biblia no veo un versículo donde Dios nos prometa una burbuja tipo hamster para ir corriendo por la vida sin peligro. Ni siquiera veo que Dios prometa una vida segura. Lo que sí nos dice es que tendríamos problemas pero estaría con nosotros. Que si queríamos ganar nuestra vida la perdiéramos.  Que había motivos por los que valía la pena sufrir….

Pero bueno, esto no fue un martirio, no fue algo que pudiéramos evitar, fue un accidente. Como los que le ocurren a creyentes y no creyentes que se patinan en la carretera o se quedan sin frenos… como los que le suceden a todos los seres sujetos a las leyes de la física.  

Aquí me detengo un poco. Siento que corro el peligro de  sobre-naturalizar las cosas o a sobre-espiritualizarlas en este momento. No creo poder separar lo natural ni lo espiritual del todo, puesto que ambos mundos subsisten al mismo tiempo y, desde donde yo lo entiendo, se afectan el uno al otro.   No quiero sobre-naturalizar un accidente diciendo que Dios no tuvo nada que ver, ni que ya era mucho que nunca nos pasara nada, puesto que vi la misericordia de Dios al proteger nuestras vidas y aún nuestros cuerpos de manera inexplicable al parecer humano.

Tampoco quiero sobre-espiritualizar las cosas diciendo que el diablo no quería que llegáramos y que fue nuestra culpa por no ir orando por todo el camino, y que por eso los chamucos hicieron resbalosa la carretera, puesto que, ya que estamos bajo las leyes de la física como cualquier otro, es lógico que si frenas en una carretera fea, el carro derrapará y la inercia lo llevará adelante.

Bueno, y es aquí, donde reflexionando en todo eso me encontré con  a Mateo 16.  Jesús les dijo a sus discípulos que que lo harían sufrir, que moriría, que resucitaría….Pedro lo lleva aparte y le dice “¡Eso no puede sucederte, Señor! ¡Que Dios nunca lo permita!”.

¿La reacción de Jesús?

“Jesús se volvió y le dijo:
-¡Pedro, estás hablando como Satanás! ¡Vete! Tú no entiendes los planes de Dios, y me estás pidiendo que los desobedezca.”

El plan de Dios era su muerte. Sí. Era parte del plan. Era algo que Dios había decidido que era la mejor manera. Era lo que Dios quería. El dolor, el sacrificio la cruz...eran su plan.

Jesús lo sabía. Pedro no lo entendía. Al desearle seguridad, estaba obstruyendo la salvación de todos. Al desear que no pasara dolor, estaba pidiendo que todos nosotros sufriéramos para siempre. A cambio de su comodidad, deseaba que no hubiera muerte, resurrección, salvación, ni vida eterna.

Jesús lo sabía. Pedro no lo entendía y por eso no lo deseaba.

Cuando tuvimos el accidente, haciendo recuento de los daños, escuché muchas historias de “coincidencias” que nos evitaron cosas mayores.  Aquél levantó los pies y por eso no quedaron prensados con una parte del autobús que se sumió. Ese que se cambió de lugar y por eso no le pegó tan duro el golpe. Aquél que se agarró del asiento antes de la colisión, sin saber que vendría. Esos que venían platicando y por eso no se durmieron.... o yo, que me desperté con un pequeño frenón previo.  No, no digo que todos saliéramos ilesos. Hubo algunos lastimados del cuello, hubo sangre, hubo traslados al hospital… pero sí sé que pudo ser peor. Ví los vidrios rotos, ví, líquidos regándose por la carretera, ví partes sumidas de los autobuses, ví muchas ambulancias… y vi moretones, golpes…¡pero sé que pudo ser peor! Nadie quedó prensado, nadie se golpeó tan fuerte que quedara inconsciente, nadie quedó atorado…. Pudo ser peor, pero no lo fue. Creo que ahí se ve más la misericordia de Dios que en que no nos pasara nada.

Honestamente, muchas veces salimos y cuando llegamos no nos sentimos asombrados ni agradecidos.  Este tipo de cosas te hacen recordar que eres frágil y que Dios es misericordioso al prestarnos otro día. Creo que hubo más asombro y agradecimiento de mi parte en ese viaje que en otros donde no me ha pasado nada. Creo que a muchos les sucedió lo mismo. Padres y chicos una y otra vez repetían lo bueno que es Dios, lo cuidadoso que es, lo misericordioso que se mostró…

Así es, creo que la misericordia de Dios nos se demuestra en que no nos pase nada, sino en que cuando nos pasa, él está ahí.  Incluso creo que hay cosas que nos suceden por el mismo plan de Dios. Si no, pregúntale a Job. Finalmente, el permiso que Dios le dió al enemigo para tocarlo significa en cierta forma que Dios está de acuerdo con el hecho de que suceda.

Ahora, aquí puedo ser malinterpretada. No quiero decir con esto que detrás de toda situación dolorosa o mala está Dios deseándola, ni que debamos  buscar sufrir en cada momento. Más bien, quiero decir que cuando esas situaciones lleguen, Dios le dará sentido. Para todo creyente, toda pérdida, dolor, dificultad y problema le ayudan y traen un beneficio; Ya sea en el carácter, ya sea en una oportunidad, ya sea en una victoria, tiene un beneficio. Es más, también creo que Dios pueda guiarnos a ir a un lugar donde sabemos que nuestra vida puede correr peligro...y que ese sea el plan; pero si Dios no nos guía a ir, es tonto ir, pues igual pondríamos en riesgo nuestra vida, y ese no sería el plan.

Por otra parte, creo que es bueno ver el lado natural de las cosas. Hay leyes físicas a las que el mundo está sujeto. Creyentes y no creyentes somos atraídos al suelo por la ley de la gravedad. Creyentes y no creyentes chocamos por la inercia. Dios no rompe sus propias leyes para que sus hijos eviten un rasguño al tropezarse en la calle.  No es que el diablo estuviera tallando la carretera toda la noche para que nosotros derrapáramos, ni Dios se descuidó tantito poniéndoles la luna a los asiáticos y por eso nos accidentamos. No dudo que todo estuviera bajo su mirada, y por lo tanto, no dudo que él lo permitiera. Sin embargo, mi entendimiento de las cosas me hace dudar que todo fuera algo como “Dios planeaba un viaje seguro, de repente, durante la noche, el diablo engrasó la carretera, pero Dios estaba escuchando las canciones de una iglesia en el otro lado del mundo. A la mañana siguiente nosotros no oramos lo suficiente porque nos despertamos temprano y teníamos sueño, así que no llegaron muchos ángeles y pues… chocamos”.   

Desde donde estoy y a través de lo que conozco, creo que más bien las cosas son algo así. Dios permite y usa cosas naturales con un propósito para sus hijos.

Por lo tanto, también creo que nuestra reacción no debe ser “¡Eso no puede sucederte! ¡Que Dios nunca lo permita! ¡Que no suceda!”  Sino más bien, que si sucede, cuando suceda, buscar hacer lo que Dios quiere hacer en nuestra vida al costo que sea necesario; estar dispuestos a perderlo todo con tal de que Dios sea visto tan grande como es, y hasta decir como Ester… “Si tengo que morir, moriré”.

:o!  Ya me extendí. Ahí le dejamos. Dudas, comentarios y preguntas, comenten. ;)

Soli Deo Gloria.



Isarona.


















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