De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia, pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. Juan 1.16-17 (NVI)
Imagina que un criminal va a su juicio. En el camino alguien le dice que el juez que
tiene su caso es un juez justo. El criminal no cree que esas sean buenas
noticias, ¿Cierto? Eso significa que le dará
la condena que merece. No menos. La justicia del juez es mala noticia
para alguien que no es justo.
Ahora, nuestro Dios es justo. Muy justo. Y también es bueno. Muy bueno. Lo que nos deja
en graves problemas. No importa lo que nosotros pensemos de nosotros mismos. La
Biblia nos revela que ningún humano (fuera de Jesús) ha alcanzado el estándar
para poder ganar la salvación por sus propios medios. Por más buenos que seamos, ante su estándar de
bondad, somos malos. Por más justos que seamos, ante su estándar de justicia,
somos injustos. La Biblia también nos revela que la paga de nuestro pecado es
muerte.
¿Entonces, qué podríamos esperar de un juez justo? ¿Qué podríamos esperar de nuestro juicio, cuando el juez es el ser más
bueno juzgando nuestra maldad? Esto es
desastroso para nosotros, ahuitador,
desesperante… ¿Entonces qué
hacemos cuando nos damos cuenta de que estamos atorados en este enorme lío?
La verdad de su justicia y su bondad es una mala noticia
para nosotros, a menos que para nosotros sea una mala noticia.
Sí, cuando reconocemos nuestra terrible condición, se convierte en una buena noticia, porque
reconocemos nuestra necesidad de Él; al reconocer nuestra necesidad de Él,
sabemos que por gracia Él nos está alcanzando porque nos está revelando quiénes
somos y quién es Él. Es así como somos
libres para correr a la cruz.
La cruz, tan misteriosa como bella, ha sido mi bello y
eterno misterio. ¿Cómo alguien se paga a sí mismo la deuda que yo tenía con Él?
Tan confusa como cierta, ofrece esperanza al que reconoce su condición.
Gracia. No obtener lo que merecemos, y recibir lo que no
merecemos. Que como a niños, Dios nos ofrezca la mano, la tomemos y luego sea
la suya la que no nos suelte. Que decida amarnos antes de la fundación del
mundo sin ningún motivo que no esté en Él mismo. Que sabiendo quiénes seríamos y cuánto le
fallaríamos decidiera amarnos simplemente porque quiere amarnos. Que su amor no
dependa de quiénes somos nosotros, sino de quién es Él. Que Él venga a nosotros
cuando nosotros no queremos ir a Él. Que siendo nada, recibamos todo. Que una
vez que Él nos toma de la mano, jamás veremos esa misma mano diciendo adiós.
Misericordia
inmerecida, amor inmerecido, ayuda inmerecida, fidelidad inmerecida, adopción
inmerecida… eso es gracia. Que todo
dependa de Él, y no de nosotros.
¿No se te hace sobrecogedor? ¿Demasiado hermoso? ¿Confuso y
misterioso? No entenderlo lo hace menos verdad, como a un niño no conocer la
gravedad no le hace flotar en el espacio. No entenderlo no lo hace menos real,
como no
conocer el movimiento del universo no desaparece la noche y el día. No creerlo no lo hace
menos cierto, como no ver tu espalda no la hace desaparecer.
¡Con razón Newton escribió “Maravillosa Gracia”! ¡Con razón
tantos mártires! ¡Con razón no han podido extinguir a la raza cristiana con
nada! :D Escribo sonriendo. Estoy lejos de comprender el misterio
de la cruz, pero sé lo suficiente de él como para abandonarme a esa gracia.
No
sé, esta semana en serio que Dios me ha estado susurrando esto al oído cada
día, cada mañana. Gratitud y amor hacia Él, es lo que nace en mí de todo esto. Comienzo a comprender porqué un tal Ignacio
(un pastor de Antioquía y discípulo de Juan, condenado a muerte en Roma)
escribió:
“Ven fuego, cruz, batalla con bestias salvajes, dislocadura de huesos, mutilación de extremidades, trituración de todo mi cuerpo, torturas crueles del diablo, ¡Solo déjame llegar a Jesucristo!”
Gracia. Maravillosa gracia. Su justicia nos hace ver que estamos
muertos. Su gracia nos hace vivir.
Si alguien paga nuestra lista del súper, ya nadie nos puede
impedir sacar el carrito lleno de cosas y llevar todo a casa. De la misma manera,
si aceptamos el regalo de que Jesús tome nuestro lugar, nadie nos puede
condenar por el pecado que hemos cometido. Ya Jesucristo lo pagó. Somos
declarados justos delante de Dios, por más injustos que seamos. Somos perdonados porque él es culpado.
Somos aceptados porque Él es condenado.
La
gracia hace que nuestra vida sea injusta. Sí, los cristianos somos los únicos
que no tenemos lo que merecemos; es entonces, cuando las malas noticias de su bondad y justicia, se convierten en las mejores noticias al encontrarnos con la gracia.
Desidero Domino Permanere (Deseo permanecer con mi Dios),
Isarona.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario