domingo, 9 de septiembre de 2012

Lo quiero a Él

 “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.”  Sal 32:8-9.

Una de las frases más significativas para mi vida, ha sido una de C.S. Lewis, donde él decía que no quería su idea de Dios, sino a Dios. ¿Te has puesto a pensar que lo que creemos de Dios tal vez es erróneo?

Mucho tiempo yo estuve creyendo que Dios era un tipo de  Santa Claus que te traía lo que pedías, el que te ayudaba en los exámenes difíciles y el que escuchaba todos los traumas y quejas… poco a poco fui aprendiendo y descubriendo que Dios (sin dejar de ser amor en su esencia) es demandante, es Rey,  es soberano, y que mi vida estaba hecha para servirle y solo así encontraría plenitud.

El problema es este: Siempre hay algo que aprender de Él, algo que tal vez no nos guste, pero que no deja de ser verdad si lo ignoramos o si lo evadimos.  Tal vez conocer a Dios tal y como es no nos guste. Tal vez exija más. Tal vez duela más. Tal vez demande más… pero solo la verdad nos puede hacer realmente libres.

¿Quieres creer en el Dios en el que crees, o quieres conocer a Dios tal y como es? Sí, tal vez traiga mayor responsabilidad o nos cueste más… pero también nos llevará a la plenitud.

Desafortunadamente para nosotros, muchas veces decidimos quedarnos con el Dios que tenemos; al que podemos ocultarle cosas, el que no demanda todo, el que nos da chance de tomar nuestra vida en nuestras manos y que viene corriendo cuando algo sale diferente al plan… pero un conocimiento erróneo de Dios, o un interés mediocre hacia Él, no nos traerá una libertad completa.

Suena bonito y cómodo escuchar una prédica que parece más a reto de superación personal que reto a tomar decisiones, pero tenemos que despertar a la realidad. Si Dios NO ES  quien nosotros pensamos que es, entonces estamos viviendo basados en una “verdad” que no existe. 

Necesitamos toda la vida para conocerle, y mientras más le conozcamos,  más retos vendrán a nosotros. Tal vez no nos encante la idea de morir cada día, o de sacrificar todo, o de dedicarle toda la vida, pero si ese es el precio de conocerle y de hacer una amistad con Él, entonces eso es lo que tenemos que buscar.

Lo que crees de Dios cambia toda tu relación con Él y cambia tu forma de vivir. 

Si Dios es todo bonachón y amor, entonces podemos vivir como sea, sin importar lo que Él piense (digo, al fin y al cabo nos va a perdonar),  pero jamás podremos conocer al padre que corrige con tal de hacer de nosotros algo que valga la pena. Si Dios es todo enojón y está esperando a que nos equivoquemos para mandarnos al infierno, entonces viviremos con miedo y no podremos ver jamás un abrazo suyo.  La vida de alguien que piensa que Dios está demasiado lejos, o que no perdonará el pasado, es muy diferente a la de alguien que piensa que Dios puede borrar hasta el pecado más terrible y se abandona a su misericordia. La vida de alguien que piensa que Dios jamás hará justicia es diferente a la de alguien que conoce la corrección de un padre y le importa lo que Dios piensa de él/ella.

Dios es quien es, lo conozcamos o no, y no cambiará por lo que creamos o dejemos de creer de Él.  ¿No crees que valdría la pena conocerlo de verdad?

¿A quién quieres? ¿A tu idea de Dios, o a Él?  ¿No quieres saber qué tan cerca está? ¿Qué tan misericordioso es? ¿Qué tan justo es? ¿Qué tan grande es su amor? ¿A quiénes puede alcanzar su gracia?  Tal vez no te guste, tal vez demande más,  tal vez te duela más, o tal vez destruya la vida que tienes... pero eso te hará libre. Conocerle nos hará verdaderamente libres.

Desidero Domino Permanere,

Isarona



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