domingo, 24 de junio de 2012

“Cada Cristiano es un misionero o un impostor” (por Charles H. Spurgeon)


Si Jesús es precioso para ti, entonces no serás capaz de guardarte las buenas nuevas para ti mismo. Las susurrarás al oído de tus hijos. Se las dirás a tu esposo. Se las dirás a tu amigo con honestidad. Sin los encantos de la elocuencia, serás más que elocuente; tu corazón hablará y tus ojos destellarán mientras tú hablas de Su dulce amor. 

Cada cristiano es un misionero o un impostor. Recuerda eso. O tratas de difundir el reino de Dios en el extranjero, o tú no lo amas en lo absoluto. No puede haber un gran aprecio a Jesús y una lengua totalmente silenciosa acerca de Él. Por supuesto, no quiero decir con esto que aquellos que usan la pluma están callados: No lo están. Y aquellos que ayudan a otros a usar la lengua, o difunden lo que otros han escrito están haciendo bien su parte; pero aquél hombre que dice “Creo en Jesús”, pero no piensa lo suficiente en Jesús como para decirle a alguien más acerca de Él alguna vez (por su boca, una pluma, o un tratado) es un impostor. 

O lo estás haciendo bien, o simplemente no eres bueno. Si has conocido a Cristo, entonces eres alguien que ha encontrado miel. Tú llamarás a otros a probarla. Tú eres como los leprosos que encontraron la comida que los Sirios habían dejado, e irás a Samaria y le dirás a la multitud hambrienta que has encontrado a Jesús, y estarás ansioso de que ellos lo encuentren también. Sé sabio en tu generación y habla de Él en maneras y en momentos apropiados; y proclama en cada lugar el hecho de que Jesús es lo más precioso para tu alma. 

Charles H. Spurgeon, “A Sermon and a Reminiscence,” Sword and the Trowel (March 1873) 

Traducción: Isarona

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