“¿A dónde vas? No te vayas.” Le dije entre sollozos. Pero lo único que vi fue su espalda.
Toda mi vida había pensado que a él era a quien pertenecía. Le había entregado mi vida entera y había planeado todo mi futuro alrededor de él. Pero eso a él no le importó. Me quitó mis sueños, mi felicidad, y me rompió el corazón. Me dejó herida y me traicionó.
Se fue. Me dejó sola cuando él era todo lo que tenía. A partir de ahí me entregué a la soledad. La depresión me atrapó hasta el punto donde pensé que nada me podría sacar. No veía la luz al final del túnel, así que me dejé caer sobre el suelo. La gente podía reír a un lado de mí y yo sonreía como si todo estuviera bien. Me volví una perfecta mentirosa. Feliz por afuera, pudriéndome por dentro. Nadie sabía que yo no era tan fuerte, y los que lo suponían no sabían cómo sacarme de ahí. Casi sin darme cuenta pasé de la tristeza al enojo.
Mi estúpido traidor comenzó a acosarme. Yo sabía que él no era lo que yo quería, pero no conocía a nadie más. Era feo y sabía que no se compadecería de mí. Me odiaba, en verdad me odiaba. Pero era mi mundo. Por las noches podía ver las estrellas a través de la ventana. Y en mi desesperación le hablé al cielo.
-“Sálvame”
Ya no pude contener el llanto. No estaba segura de qué estaba haciendo, pero sabía que el viento llevaría mis palabras a algún lugar donde el que todo lo puede me escucharía. Yo ya no quería nada con este mundo que me había dejado vacía y herida, ya no quería volver a verlo. Yo quería que alguien me dijera que Narnia existía.
Ese año lloré mucho. Más de lo que he llorado en toda mi vida, creo. Tenía dieciséis y yo ya sentía que la vida era demasiada carga para mí. Pensé por un segundo que lo mejor era borrame a mí misma del mapa. No sé si fui demasiado cobarde para matarme o si fui demasiado valiente como para vivir.
Mi vida era como un precipicio ¿o un despeñadero debería decir? Con pasos torpes me acerqué a la orilla. Pero de repente una mano fuerte me tomó por sorpresa y me jaló hacia atrás. Volví sobre mis pasos y caí sobre el suelo. Mis lágrimas no me dejaban ver quién limpiaba mis heridas y por un momento sentí el calor sobre mi helada piel. ¿Quién me pudo haber encontrado cuando yo creía que ya estaba demasiado perdida? Sentí un abrazo y luego no sé qué pasó después.
Desperté en un lugar que yo no sabía que existía. Yo no entendía qué pasaba. No merecía estar en ese lugar tan elegante y limpio, así que intenté levantarme para salir de ahí.
-No te preocupes.- Me dijo el que ama mi alma.- No te vayas.-Me suplicó.
Estaba tan débil que no tuve fuerza para replicar, y me sumergí entre sus brazos. No parecía atractivo al principio, pero su mirada me cautivó. Nunca había visto tanto amor en mi vida.
-¿Cómo me encontraste?- Le dije cuando al fin pude hablar.
-El viento trajo tus palabras, y yo te vi desde las estrellas.
Yo no sabía que cada vez que mis lágrimas caían alguien las recogía; y tampoco sabía que cada vez que le hablas al cielo éste escucha. Pero me pasó.
¿Qué siguió? Un nuevo comienzo, otro corazón, y un cambio de planes. Fue como volver a nacer. Fue como volver a correr a pesar de los tropiezos del pasado. Fue como si del libro de mi vida arrancaran las primeras páginas y lo dejaran en blanco de nuevo. Poco a poco desapareció el dolor. La enorme herida de mi ser comenzó a cerrar y solo quedaron unas pocas cicatrices. Volví a sonreír… Y esta vez no estaba mintiendo.
Mi vida no es color de rosa, pero es plena. No significa que nunca tropiece, significa que Él siempre me levanta. No intento decir que no tengo dificultades, sino que a pesar de todo (y aún a pesar de mí) Él sigue aquí. Quiero decir que Él es lo mejor que me ha pasado en la vida. Que cuando sabes quién es Él dejas de ser quien eres. El creador del universo sabe amar, y sabe enamorarse. La perfección se hace carne para hacernos perfectos. Él es un experto llenando de vida los cuerpos muertos. No importa lo perdido que estés, Él te puede encontrar. No importa lo lejos que estés, sus brazos ahí pueden alcanzarte. No importa cuánto dolor o cuántos errores haya en el pasado, Él puede darte un nuevo futuro. No importa quién seas, Él es Dios, y puede hacerlo todo. Un nuevo comienzo es posible.
¡Bendiciones!

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