lunes, 1 de diciembre de 2008

No soy demasiado joven para morir

(17 noviembre 2008)


Últimamente Dios me ha estado hablando acerca de la muerte. No tengo la menor idea de por qué, pero sé que por algo me lo está enseñando.
Muerte
Es un término que realmente no he podido asimilar del todo. Nunca asimilo cuando alguien muere. Por eso no lloro y de alguna manera no lo siento. Mi mamá dice que soy dura, pero yo digo que simplemente soy lenta para entenderlo. Es como una auto-defensa, creo yo.
¿Por qué hablarme de muerte cuando tengo 21 años?
¿Por qué no se lo enseña a alguien más?
Creo que una de las razones es porque como jóvenes casi nunca (o nunca) pensamos que es algo que tiene que pasar (salvo raras excepciones).
Los jóvenes estamos tan acostumbrados a hacer planes, a pensar en el mañana, a soñar con el futuro… y no está mal. Pero… ¿y si el resto de nuestra vida se acabara hoy?
Estoy leyendo locos por Jesús. Es un libro que habla de pasta a pasta de gente de todas las edades que estuvo dispuesta a dar su vida por algo que definió como mayor que ellos mismos.
Encontrar algo por qué vivir y algo por qué morir va de la mano.
No puedo decir que estoy viviendo por algo si no estoy dispuesta a invertir mi vida en eso.
Tampoco puedo morir por algo por lo que no viviría.
Un tanto raro. Pero de ninguna manera complicado. Es tan claro…
Sólo estaremos dispuestos a morir por algo por lo que viviríamos y sólo estaremos dispuestos a vivir por algo por lo que moriríamos.
La vida no tiene sentido si no encuentras algo más grande y mucho más importante que tu propia vida.
Yo ya lo encontré.
Y es Dios.
Últimamente ha retumbado una frase en mí…
“no soy demasiado joven para morir”
Es cierto.
No soy demasiado joven para morir. No cuando se trata de dar tu vida por algo que has encontrado mucho más importante que la misma.
No soy demasiado joven para morir. No porque estoy justo en el lugar donde Dios me quiere en este momento. Me sigo moviendo hacia adelante. No estoy muy segura de a donde voy, pero sé que es algo mucho mejor, bueno y valioso que cualquier cosa que pudiera dejar aquí. No sé exactamente cuál será el desenlace de mi historia, pero sé que tiene un final feliz. Por lo menos eso es lo que Dios me prometió. Y su promesa me basta.
No soy demasiado joven para morir porque he entendido que mi vida no tiene sentido si no tiene algún propósito.
Mientras no hay propósito en la vida no hay vida. No una vida real. No una vida de verdad. Simplemente es una vida cualquiera.
Yo no quiero pasar desapercibida. No quiero pasar y vivir y que nadie sepa cuando llegué ni cuando me fui.
Quiero abrazar ese propósito, ese destino, ese “algo” más grande que mi misma y mucho más importante que mi propia vida. Mi única, valiosa y preciada vida.
No soy demasiado joven para morir porque he entendido que estoy cumpliendo un propósito meramente divino.
Demasiado joven para morir es aquel que no ha entendido el sentido de la vida.
Yo ya lo encontré.
No soy demasiado joven para morir.
Estoy dispuesta a dar mi vida si eso va a levantar una Rebelución.
Estoy dispuesta a dar mi vida para causar un impacto profundo a alguien que no conoce de mi razón de vivir.
Estoy dispuesta a morir por la verdad.

No soy demasiado joven para morir.
Un adolescente no es demasiado joven para morir.
Un niño no es demasiado joven para morir.

No cuando ha encontrado que la vida está para cumplir un propósito, y que el vivir es cumplir ese propósito.

Me niego a creer que soy demasiado joven para morir.
No soy demasiado joven para morir porque soy capaz de catafixiar mi vida por Dios. ….Algo mucho más importante que mi vida.

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