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sábado, 20 de julio de 2013

Tierra fértil.

“También David dijo:
Que su mesa de abundancia se convierta en una red, en una trampa que los lleve a pensar que todo está bien. Que sus bendiciones los hagan tropezar y que reciban su merecido.”  Romanos 11:9

Creo que cometemos un grave error.No importa quiénes seamos, la gran mayoría asumimos que somos “tierra fértil”. Y es ahí donde fallamos.

Damos por hecho que somos elegidos, que somos hijos de Dios, que somos los buenos, que somos salvos. El enorme problema es que el final de cuentas, lo que nosotros pensemos de nosotros mismos no importa. Lo importante es lo que piensa Él.

En Lucas 13:22 tenemos una gran lección que nos saltamos porque no nos agrada escuchar eso.

“Alguien le preguntó:
Señor, ¿Sólo unos pocos se salvarán?Él contestó:Esfuércense  por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarán de entrar pero fracasarán.Cuando el Señor de la casa haya cerrado la puerta, será demasiado tarde. Ustedes quedarán afuera llamando y rogando: “¡Señor, ábrenos la puerta!”, pero Él contestará: “No los conozco ni sé de dónde vienen”.
Entonces ustedes dirán: “pero comimos y bebimos contigo, y enseñaste en nuestras calles”.Entonces él responderá: “Les digo que no sé quiénes son ni de dónde vienen. Aléjense de mí, todos ustedes que hacen maldad.
Sentimos que vamos bien. Nos comparamos y creemos que estamos mejor que fulanito, y los que llevamos algo de tiempo podemos creer que estamos arriba del cristiano promedio. Nos medimos con nuestras medidas y nos sentimos satisfechos. El problema es que nuestras medidas no son la medida de Jesús. Sentimos que nuestro “pequeño esfuerzo” y nuestra fe del tamaño de la semilla de mostaza serán recompensados  a lo grande en el cielo.

Nos gusta creer que cuando muramos habrá fanfarrias, coronas,  y premios por cada pequeño esfuerzo porque la Biblia dice que si damos un vaso de agua a  uno de los suyos tendremos una paga. Sin embargo, deberíamos tener presente lo que la Biblia dice en  Mateo 7:21-23:

“No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes que violan las leyes de Dios.”

Entiende esto: Que Dios te use, no te garantiza salvación. Dios usó una zarza y te aseguro que no tiene una corona en el cielo. Dios usó la vara de Moisés y te aseguro que no tiene un lugar apartado para el banquete. Para sus propósitos Dios usó a Judas, y te puedo asegurar que no lo vas a encontrar en la lista de invitados al cielo. Dios usó a una burra y no por eso escuchó “Buena burrita fiel, entra en el gozo de tu Señor.” Dios puede usar cualquier cosa y a cualquier persona para sus propósitos. Y así como la burra habló, tal vez Dios use a alguna persona para profetizar… y eso no significa que esa persona sea salva. Simplemente es usada.

¿Echas fuera demonios? ¿Tienes un liderazgo? ¿Profetizas? ¿Enseñas? ¿La gente busca tus consejos?  La pregunta es: ¿Y?

Cualquiera puede ser usado, sin embargo, muchos quedaremos sorprendidos al ver la lista de invitados. La única recomendación que me retumba en los oídos es lo que dice Lucas 13:24 “Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarán de entrar pero fracasarán”.  Esfuérzate, esfuérzate, esfuérzate…

Sentir que vamos bien no nos hace estar bien, ni nos justificará cuando muramos y nos encontremos frente al Dios imponente que jamás ha aceptado una excusa. 

Podemos voltear a ver las semillas que cayeron en el camino y decir que ellas no están en tierra fértil porque desde un principio se les ha cerrado el corazón a la palabra. Pienso  que las semillas que nacieron  y echaron raíz (aunque sea superficialmente), creen que ya están dentro del reino, aunque  se hayan marchitado y muerto bajo el calor del sol. Pienso que las semillas que crecieron  (aunque sea evidente que han sido ahogadas) piensan que están dentro del reino porque están relativamente mejor que las dos anteriores.  Sin embargo, las únicas semillas que Jesús describe como “buena tierra”  son los que “oyen y entienden la palabra de Dios, ¡Y producen una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado!” (Mateo 13:23)

Creo que este es el plan: Él me llama, aprendo a  amarlo a su manera, me esfuerzo a su manera y sigo sus planes a su manera... y Él hace lo que mejor le parece conmigo.

Efesios 1:14 nos da una pista. “El Espíritu (Santo) es la GARANTÍA que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo. Dios hizo todo esto para que nosotros le diéramos gloria y alabanza.”

Lo que puedo comprender es que el Espíritu tiene que estar en nuestras vidas, constante. No solo cuando oramos por un enfermo, no solo cuando estamos en la iglesia, sino en una relación constante.  

Regresemos un poco a  Mateo 7. Lo que el Señor les dice al negarles la entrada es “Nunca los conocí”. Conocer, relacionarse, intimar…   No se trata de “¡WOW! ¡Oré por un enfermo y sanó!” o “Creo en Dios, claro que sí”. Se trata de ¿lo conoces? No  solo conocer sus manifestaciones, ni conocer sus planes;  sino conocerlo a Él y seguir sus planes.  

Conozcámoslo, midámonos con sus medidas, abracemos sus sueños, vivamos la vida que él planea: En constante relación con él, difícil, sacrificada, que produce fruto y que vale la pena…Y que el Soberano haga lo que mejor le parezca con nosotros.

Abandonémonos a su gracia, corramos tras sus pasos y esforcémonos. Solo tenemos una oportunidad para vivir la vida que él quiere que vivamos en esta tierra.

No es que ganemos la salvación con obras, simplemente que la fe que Dios busca, obra.

Esforcémonos… esforcémonos por entrar por la puerta angosta del reino de Dios.

El que tenga oídos para oír, oiga.

Con amor,

Isarona 


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