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jueves, 10 de febrero de 2011

De plantas, gigantes y decisiones...

Soy una mata-plantas. Tuve unos cactus que ahogué, una pata de elefante que sequé, y mi última adquisición está agonizando porque la puse cerca de la ventana donde entra el sol… cuando era de sombra. Amo las plantitas, ¡en serio! Pero no soy muy buena cuidándolas… en realidad, no soy nada buena cuidándolas. Cada planta es diferente y cada una requiere diferentes cosas: alguna necesitan luz, otras sombra; algunas agua, otras agua y tierra, y otras viven bien en cualquiera de las dos anteriores; algunas necesitan mucha agua, otras poca… y así sucesivamente.

Creo que nosotros, los humanos, somos como las plantas. Cada uno necesita cosas diferentes, pero hay veces que ni nosotros mismos sabemos qué es “eso” que necesitamos. Sin embargo, hay alguien que sí lo sabe. ¿Quién más que nuestro Creador?

Esta semana estoy por tomar una decisión que me parece algo difícil. Viendo mis circunstancias, parece que sé lo que necesito, ¿pero será eso en realidad lo que necesito? No quiero que me vaya a pasar como a mi pobre planta estando en el sol cuando es de sombra.

Hace una hora tenía miedo, estaba frustrada y muy confundida. Ahora solo estoy un poco confundida :P , pero acabo de recordar al pequeño David. Él se enfrentó a un gigante, pero no movido por emociones, ni confiando en las habilidades que había desarrollado como pastor. Él llegó confiado porque sabía en quién confiaba…y no era en él mismo. En lugar de ver al enorme gigante, vio a su (y nuestro) infinito Dios. No vio que Goliat era su gigante, vio que Dios era un gigante para Goliat. Las decisiones muchas veces son nuestro Goliat. Parece burlarse de nosotros en nuestra cara, como diciendo: “No vas a poder conmigo si decides enfrentarme”. Nos sentimos un pequeño David con una honda y un puñado de piedritas y nos preguntamos si podremos hacerlo.

Una vez un amigo me dijo: “¿Sabes?, yo me imagino que cuando hacemos las cosas en las fuerzas de Dios es como si nosotros dejáramos que Dios nos pusiera sus brazos”.

Es cierto, aquí estoy. Mis piedritas serán inútiles en mi honda porque no la sé usar… a menos que Dios me ponga sus brazos. Mis piernas no correrán lo suficientemente rápido a la línea de batalla…a menos que Dios me ponga sus piernas. Mi corazón desfallecerá antes de matar a ese gigante… a menos que Dios me dé sus fuerzas.

No quiero hacer las cosas en mis fuerzas. No quiero tomar decisiones como si yo supiera qué es lo mejor o lo que necesito. Si he matado varias plantas por malas decisiones, también puedo matar un futuro glorioso por la misma razón.

Dios, ponme en el sol, o en la sombra, dame agua y tierra o solo agua, entiérrame, déjame en un frasco para moverme después, ponme junto a la ventana o bajo un árbol… ¡haz lo que quieras! ¡Estaré bien donde sea y como sea mientras tú estés conmigo!

¡Bendiciones!