-¿Dónde está tu padre?
-Si supieran quién soy yo, sabrían también quién es mi Padre. Juan 8:19 (NVI)
No he conocido generación más lastimada por los padres que la de los adolescentes y niños de hoy. En mi país, cultural y desafortunadamente, la figura del padre queda muy por detrás de la de la madre. No sé si es mi percepción, pero me parece que es esta época donde la figura paterna se desdibuja más en las familias. He estado trabajando con niños, adolescentes y jóvenes por algún tiempo, y mucho de lo que veo es la falta de esa figura . A veces no está, se fue, no la conocen. Otras tantas veces está, pero no se involucra en la vida de los hijos.
Me he encontrado con niños para los que este día del padre fue una confusión. ¿A quién le doy el regalo? ¿A mi abuelo? ¿A mi tío? ¿Y si no tengo? ¿mi mamá cuenta como mi papá?
Me he encontrado con chicas que se preguntan a sí mismas; "¿Quién me va a defender cuando alguien me quiera hacer algo malo? ¿Quién se enoja cuando alguien me lastima?"
Me he encontrado con toda una generación que suplica a los padres que comparta su vida con ella.
Cuando Jesús caminó sobre la tierra como cualquier otro humano, no dejaba de hablar de su padre. Él mismo decía que no hacía otra cosa que no le veía ver a su papá. Que Él tenía el respaldo de su papá. Que su papá era testigo de lo que él hacía. Que su papá estaba en él. Que su papá aquello, que su papá aquí...
Felipe un día le pidió entonces: "-Muéstranos al padre". A lo que Jesús responde sorprendido: "¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre".
Naturalmente no somos la misma persona que nuestro padre biológico/de crianza, lo cierto es que siempre hay algo que se parece a él. Ya sea la nariz, la mirada, el modo de sentarse, la forma de rascarse la barriga... siempre tenemos algo en lo que nos parecemos a nuestros padres. Y, a veces, terminamos siendo muy similares. Jesús se parecía mucho a su padre. Hacía solo lo que le veía hacer. Y en todo ganó su aprobación, lo que deduzco como similitud en el carácter y la manera de hacer las cosas.
Si querías conocer al padre de Jesús, bastaba con ver a su hijo.
El papel del padre es básica en la identidad. Incluso la de Jesús se basó en eso. Antes de comenzar su ministerio, se le conocía como el hijo de José, el carpintero (su padre adoptivo). Cuando su ministerio arrancó, una y otra vez leemos sus palabras refiríendose a su Padre celestial.
Los padres también necesitan gracia.
Nosotros tenemos errores y luchas. Los padres también. Los padres aprenden a ser padres y seguramente en algún momento fallarán. Así como los hijos fallamos y vivimos las consecuencias, los padres lo harán. Así como las esposas requieren comprensión, los padres también la necesitan. Todo humano necesita gracia, pues aunque nuestros roles, edades y errores son diferentes, todos estamos aprendiendo a vivir; y a veces, ese aprendizaje viene en forma de prueba y error.
Es más fácil que un padre se ponga en los zapatos de un hijo que un hijo en los de un padre. Hay cosas que nosotros aún no conocemos ni experimentamos. Sin embargo, todo hijo está llamado a honrar a sus padres. Entiendo que la honra no solo es respetar y obedecer. En algunas ocasiones será no hablar mal de ellos y no exhibir sus errores. Si no tienes nada bueno qué decir, no digas nada.
Padres creyentes, por favor, compartan su vida.
Hablo como hija a favor de esta y la siguiente generación. Padres, por favor, compartan su vida con nosotros. Tenga una vida qué compartir. No nos pidan que seamos alguien que ustedes no son. Provean lo que prometieron en su boda. Esfuércense por cumplir su palabra. No nos rompan el corazón.
Nuestra generación necesita ejemplos y necesita guianza. No con palabras, sino con vidas que nos digan que sí se puede seguir a Cristo. Necesitamos la esperanza de que hay hombres que están enseñando a sus hijos a amar a una sola mujer y a sus hijas de cómo deben ser tratadas. Necesitamos la sabiduría de su experiencia para no caer en sus errores. Evítenos dolor innecesario y dígannos cómo se vive a través de su ejemplo.
Necesitamos saber que sí podemos alcanzar sueños. Que el futuro aún puede ser brillante. Que nuestros errores pueden ser cubiertos de amor y perdón.
Necesitamos saber que están aquí, que nos protejan, que nos enseñen. Necesitamos que nos enseñen que tenemos un Padre celestial que no nos fallará ni nos faltará cuando ustedes lo hagan. Necesitamos saber que no somos ni seremos huérfanos nunca.
Necesitamos, sí, NECESITAMOS que cuando nos pregunten como a Jesús "¿Dónde está tu padre?" Nosotros podamos responder con esa identidad de hijo. Saber dónde están y que nuestra identidad pueda descansar en que nos parecemos a alguien que se parece a su Padre celestial.
Por favor, muéstrennos al Padre.
El padre de Jesús
José figura al principio de la historia. Protege al bebé Jesús y a su mamá. Se sabe que le enseñó el oficio... pero es todo. No sabemos si murió, si estaba enfermo o si se fué a trabajar a Estados Unidos. Pero llega un punto en la historia de los evangelios donde no se registra nada de él. Al final, cuando Jesús muere en la cruz, tuvo que encargarle a un discípulo que cuidara a su mamá. ¿Será que José no estaba para hacerlo? La figura más importante de la historia parece huérfana... y digo parece porque no lo era.
Una ocasión, mucho antes, Felipe le había preguntado dónde estaba su padre. Jesús contestó que si supiera quién era, sabría quién era su padre. Es decir, el padre estaba donde el hijo estaba.
Papás, mi generación pregunta ¿Dónde están?
Generación y padres...
No importa cuántas veces hayas sentido que estás solo. Dios adopta y no abandona. Seas papá o no, tengas o no un buen padre terrenal, necesitas uno celestial. Afortunadamente, Él no rechaza a quien se le acerca. En la adopción, son los padres quienes eligen a los hijos, y Dios abre la esperanza a todo aquél que le busca. Si te acercas y quieres permanecer en él, seguramente serás adoptado. Nunca volverás a estar solo. No te faltará un buen ejemplo de cómo se ama, ni volverás a buscar identidad, porque serás un hijo.
Es bueno saber que si uno no cuenta con un padre terrenal, el celestial siempre es suficiente. Es bueno saber que Dios no abandona. Es bueno saber que tenemos una familia.
No hay excusa para dudar de nuestra identidad. Si somos creyentes, tenemos un padre.
No hay excusa para no aprender. Si somos creyentes, tenemos un ejemplo.
Gran labor, poco reconocimiento.
No puedo generalizar y decir que todos los padres han roto el corazón de esta generación, pues reconozco que algunos se han esforzado en ser como Jesús. Ser padre es una gran labor con poco reconocimiento. No te pagan por serlo y muchas veces no te lo agradecen. Hay sacrificios que muchos no han visto, pero que con gusto han hecho. Han visto por los suyos antes que por ellos mismos. Han puesto prioridades por encima de su descanso. Han tratado de corregir errores. Han fallado, pero han intentado otra vez.
Gracias. Muchas gracias a esos padres. Gracias por luchar en contra de las expectativas de este mundo. Gracias por no caer en el juego de la cultura. Gracias por hacerse sordos a las palabras del mundo y buscar escuchar a Dios. Gracias por por su ejemplo.
Por ejemplos como los de ellos, generaciones como la mía aún se atreve a creer en el amor, la santidad y la fe.
Gracias papás. Muchos no serán reconocidos en este tiempo, sino después, en grande y recibirán lo que en verdad merecen.
Gracias a aquellos que crían aunque sus hijos no tengan sus genes. Es valiente. Es admirable.
Gracias a aquellos que levantan la mano cuando el mundo cuestiona dónde está nuestro padre. En verdad. En nombre de mi generación, gracias.

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