(Los
niños) siempre dicen: “Hazlo de nuevo”; y las personas mayores lo hacen
de nuevo hasta que están casi sin vida. Pues las personas mayores no son
suficientemente fuertes para regocijarse en la monotonía. Pero quizá Dios es suficientemente fuerte para regocijarse en la monotonía.
Es posible que cada
mañana Dios le diga al sol: “Hazlo de nuevo”; y cada tarde le diga: “Hazlo de
nuevo” a la luna.
Podría no ser una necesidad automática la que haga que todas
las margaritas sean semejantes; podría ser que Dios haga cada margarita por
separado, pero nunca se aburre de hacerlas.
Podría ser que Él tenga el eterno
apetito de la infancia; porque hemos pecado y hemos envejecido, y nuestro Padre
es más joven que nosotros.
G.K. Chesterton, Orthodoxy (1924; reimpr.
Garden City, N.Y.:Image books, 1959),60

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