A pesar de que veo su trato
conmigo, aún no me considero una persona
fuerte. Busco en el mapa a través de las
biografías de cristianos y me encuentro en el lugar donde C. S. Lewis no tenía una gran fe, donde Sansón
era débil, donde Lutero sentía perder a Cristo, y donde Noé solo seguía por fe la
orden de construir un arca mientras no había visto una sola gota caer del
cielo.
Leer acerca de hombres pasando situaciones
fuera de la lógica humana y tiempos
donde nada parecía moverse, y aún así estar dentro del mapa de Dios me hace
saber que no debo perder esperanza, Dios seguramente completará, de alguna manera, lo que comenzó en mí. Aprender a morir cada día, me preparará una situación así.
Es aquí donde sonrío al escribir.
En mi debilidad encuentro mi mayor fortaleza: Él. En mi proceso de perder encuentro mi posesión
más preciada: Él. En mi soledad
encuentro mi más fiel compañía: Él… Y él hace que vea posible cantar de pie, o
postrada sin fuerzas sobre el suelo helado, en ayunas, sin suéter…y feliz de
haber considerada digna por padecer por el Señor.
Estos días comencé a buscar mi
canción, y parece que ya tengo una de mis canciones:
“Eres mi porción para siempre,
más que un amigo, más que un hermano, más que todo para mí….”
¿Y tú ya sabes qué cantarás?

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