jueves, 24 de mayo de 2012

¿Cómo te sorprendo?


 Me gustaría decirte algo que no sabes… pero no a pasar.

Me gustaría sorprenderte alguna vez, pero Tú creaste todo lo que me sorprende.

No puedo llevarte a un lugar nuevo… ¡Tú creaste los lugares que aún no conozco!

No puedo darte algo que te  deje abriendo la boca. Todo lo bueno que tengo viene de ti.

Mi felicidad es tu culpa. Mi metamorfosis es tu culpa. Mi plenitud es tu culpa. Tú no necesitas nada… ¿qué rayos podría darte yo?

¿Qué se le puede decir al que lo sabe todo? ¿Cómo apantallas a aquél que creó todo lo que te puede maravillar? ¿Cómo sorprendes a aquél que sabe todo lo que tú no? ¿Cómo abrazas al que creó tus brazos entre sus dedos?

Todo lo que te puedo dar es todo lo que tú me diste.

El aire húmedo, la noche, las estrellas… esta noche es perfecta. Todo lo que tengo para darte es lo que soy, mi amor,  lo que puedo lograr por ti, mi devoción.  Y aquí está. Yo sé, no te sorprende… pero a mi no deja de sorprenderme que aun así te agrade recibir esas cosas.

Supongo que tu reacción ante mi regalo es la misma que yo tuve cuando mi sobrino dibujó algo para mí. Su mamá tuvo que ponerme las explicaciones a los lados porque en realidad solo eran garabatos. Un rayón y al lado decía “caballo”, una bola extraña  era una “llanta de carrito”, una bola más grande al lado decía “Carrito”… No parecía en nada a lo que decía, y ninguna galería pagaría un peso por tener esos dibujos, pero los recibí con una sonrisa genuina. Saber que alguien piensa en ti y te quiere dar algo, alegra.

De la misma manera, tú no necesitas mi esfuerzo, ni  mis dones, ni mi compañía… nada en mi tiene la capacidad de sorprenderte… pero aun así sonríes cuando llego y digo “¡Hey! ¿Viste eso? ¡Lo hice por ti!”,  “¡Hey! Hoy quiero estar contigo”, o “¿Y ahora qué hacemos? ¡No puedo sin ti!”… igual que a un garabato, lo recibes aunque no lo necesites.  Finges que te sorprendemos para que nosotros, los niños de tres años que creemos que te sorprendemos, sigamos intentando.

En lugar de traumarme  al saber que no tengo algo para sorprenderte, me alegra saber que tú decides hacerlo cuando me ves llegar con algo entre las manos.  Seguramente siempre es algo que no necesitas, pero aún me alegra demostrarte mi amor. Dibujaré garabatos para ti en lo que aprendo a dibujar bien… aunque sé que mi mejor dibujo tampoco te sorprenderá.

Isarona



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